Dairin. Academia Arcana de Dairin. Mundo mágico, 1989.
—No se si iré a la fiesta de esta noche, mi tío viene de visita y… ¿Henry? ¿Me estás escuchando? —pregunta su mejor amiga, Blair Whisper.
—Lo siento, Blair. Estaba distraído.
—Si, se nota. No entiendo tu obsesión por esa isla.
Blair, tenía razón. Estaba obsesionado con la isla de Galatea, hasta cierto punto era algo hipnótico. Tampoco ayudaba que su escuela estuviera ubicada justo en la costa de Dairin, desde donde se podía ver directamente la isla.
—Ahí vienen los demás. —le dice Blair.
Henry voltea la cabeza y observa a su hermano, Cole, junto con la hermana de Blair, Emma, y a Raelyn Stoker. Se acercaron y se sentaron con ellos, todos excepto Cole, que al ver a Anna Grimm a lo lejos, se apresuró a irse.
—Cole siempre está ayudando a los casos perdidos. Solo espero que no la invite a nuestra mesa. —dijo Emma con fastidio, mirando a la dirección en la que se había ido Cole.
—¡Emma! —Blair regaña a Emma. A veces parece que Blair es la hermana mayor.
Emma puso los ojos en blanco.
En Darin no solo basta con tener dinero, sino linaje, conexiones y reputación. La familia Whisper era una de las más ricas del mundo mágico, reconocida por su extensa colección de reliquias, libros de magia y objetos de gran valor histórico. Su fortuna también se debía a su antiguo linaje y que se rodeaban de su mismo círculo social lo que hacía que perseveran su prestigio. También poseían belleza y un rubio platinado. Henry comprendía que por esa razón, Emma se comportaba como si el mundo no la mereciera. Para ella, Anna Grimm no era merecedora de su atención. Ana era diferente, una humana que no poseía magia. Su madre había muerto hace años y vivía con su abuela en una pequeña casa en el bosque. Nadie sabía quien era su padre y eso alimentaba los rumores.
Henry y Cole eran hijos de Desmond Crawford, descendiente de Thackery Crawford, el legendario brujo que derrotó a Cassandra Creel. Desde hace generaciones, eligen a un Crawford como ministro por el Consejo de magia. Eso los convirtió en el linaje más poderoso de todo el mundo mágico. Para su padre, la imagen que proyectaban ante los demás era todo.
Por todas esas razones, Cole mantenía en secreto su relación con Anna.
—Ugh… lo que sea —dijo Emma.
—¿Y… que estaban haciendo? —Raelyn preguntó mientras se acomodaba en su asiento.
—Nada, hablábamos de la Isla de Galatea y como Henry está obsesionado con ella.
—¿Por qué pierden el tiempo hablando de esa isla? no hay más que asesinos y personas mediocres. —añade Emma con tono de desprecio en su voz. Su mirada se desvió hacia los hermanos Aiden y Jareth Chalmers, hijos adoptivos de Darren Chalmers. A pesar que eran una de las familias más ricas de Dairin y podrían estar al mismo nivel que los Whisper, para Emma el simple hecho que fueran adoptados bastaba para considerarlos inferiores. Además que la familia Chalmers estaba enemistada con los Whisper y con otras familias poderosas de Dairin.
—Aunque, siendo sincera, en esta academia no faltan mediocres.
Henry suspira para sí mismo, cansado de la arrogancia de Emma. Antes que pudiera cambiar de tema, Cole continuó la conversación, Henry ni siquiera se había dado cuenta de que había regresado.
—Deberíamos quitarle la curiosidad a Henry, ¿no creen? —Cole le lanzó una mirada desafiante a su hermano.
—¿Qué quieres, Cole? —Henry no tenía tiempo para sus rodeos.
Cole parecía estar disfrutando el momento.
—Te reto a una carrera, tu y yo, hasta la isla de Galatea. Saliendo de la escuela. Tenemos como máximo una hora en la Isla y el primero en llegar a la fiesta de esta noche gana.
Todos miraron a Cole, atónitos.
—¿Es una broma, verdad? —dijo Blair.
—Nunca he hablado más en serio. —contestó Cole con una sonrisa arrogante.
—¿Una carrera a la isla de Galatea? Qué original. Nada grita desesperación por atención como arriesgar la vida para inflar el ego de Cole. —Emma parecía aburrida.
Henry abrió la boca para negarse, pero la cerró de golpe. Sabía que la isla era peligrosa, todos los asesinos habían salido de allí. Que si su padre se entera que fueron a la isla, los castigaría de por vida. Sin embargo, cuando más pensaba en ello, más le atraía esa isla. Recuerda que empezó desde que era un niño. Un día miró la isla desde el balcón de su habitación, sintió una presión extraña en el pecho y esa sensación nunca se fue.
—Es peligroso, y sabes que papá nos matará si se entera.
Cole alzó la ceja, divertido.
—¿Eso es un no?
—Yo no dije eso.
Blair lo miró alarmada.
—Henry, no…
No lo hacía por Cole o para inflarle el ego o lo que sea. Sino que era la atracción silenciosa de la isla. No podía soltarse de esa sensación invisible y creía que, si solo iba una vez, podría liberarse de esa fuerza misteriosa.
Miró a su hermano.
—Está bien, acepto.
Cole solo le sonrió, triunfante
—¿Porque a los hombres les gusta el drama? —preguntó Emma, rodando los ojos con sarcasmo.
✩✩✩
Los estudiantes estaban desapareciendo por los pasillos de la Academia Arcana. Henry se acercó a la frontera en donde podía ver la silueta de la isla de Galatea envuelta en la luz dorada del atardecer.
—Henry… — Blair apareció detrás de él, con los ojos llenos de preocupación. —¿Estás seguro de esto? Aún puedes cambiar de opinión.
—Sí. —Se volteó para verla. —Tranquila, Blair.
—Solo no te tardes, te veré en la fiesta.
Blair lo observó por unos instantes y le dio un fuerte abrazo.
✩✩✩
Henry usó un simple hechizo de aparición y cayó de rodillas en la arena húmeda. La arena se sentía diferente, más fría de lo que debería bajo el sol del atardecer. El aire también era distinto, más pesado.
Levantó la cabeza y visualizó la espalda de su hermano caminando más hacia la isla, avanzando sin dudar, como si no le tuviera miedo a lo que se encontraba del otro lado.
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Editado: 13.07.2026