Los Cuatro PrÍncipes Que DebÍ Odiar

CAPÍTULO 7

Mi madre no murió

Desperté sobre una cama enorme.

Durante unos segundos no recordé dónde estaba.

Después regresaron todos los recuerdos.

El palacio.

Los príncipes.

Cassian.

Mi madre.

Y aquella frase.

«Cuando seamos grandes, nos casaremos.»

Me incorporé de golpe.

—¿Qué demonios significa eso?

—Que finalmente recuerdas.

La voz vino desde la ventana.

Dante estaba allí.

—¿Cuánto tiempo llevas mirándome?

—Lo suficiente.

—Eso es inquietante.

—Nunca dije que fuera normal.

Me levanté.

—¿Dónde están los demás?

—Discutiendo con tu madre.

—¿Sobre qué?

—Sobre ti.

Salí de la habitación.

Al llegar al salón, encontré a Adrik golpeando la mesa.

—¡No puedes decidir por ella!

Mi madre permanecía tranquila.

—No estoy decidiendo nada.

Kaelen estaba junto a una ventana.

Elían caminaba de un lado a otro.

Cassian permanecía apartado.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Todos me miraron.

Mi madre suspiró.

—Tenemos que hablar.

—Eso llevo esperando dieciocho años.

Ella se acercó.

—Cuando naciste, tu poder era demasiado grande.

—¿Por qué?

—Porque eras la heredera de los siete reinos.

Me quedé inmóvil.

—¿Siete?

—Sí.

Mi madre señaló un mapa.

—Cada uno de estos reinos posee una fuente de magia diferente. Fuego, hielo, sombra, luz, tierra, viento y sangre.

Señaló mi pecho.

—Tú heredaste la magia de sangre.

—¿Y los demás?

Miré a los cuatro príncipes.

—Cada uno recibió una parte de tu poder cuando eran niños.

Kaelen habló:

—Por eso nuestras magias reaccionan contigo.

—Y por eso el vínculo no puede romperse —añadió Elían.

Mi madre asintió.

—Pero hay algo peor.

—¿Qué?

Su expresión se endureció.

—El Consejo quiere despertar a la antigua criatura que duerme debajo del reino.

—¿Qué criatura?

Cassian respondió:

—El Devorador.

Un frío recorrió mi espalda.

—¿Y qué quiere?

Mi madre me miró.

—Tu sangre.

Aquella noche mi madre me llevó a una habitación secreta.

En el centro había un altar.

Sobre él reposaba una corona.

Era negra.

Tenía cinco piedras.

Cuatro pequeñas.

Una enorme en el centro.

—Esta era de tu abuela.

—¿Y por qué me la enseñas?

—Porque llegará el momento en que tendrás que usarla.

—No quiero ser reina.

Mi madre sonrió tristemente.

—Yo tampoco quería serlo.

Me tomó de las manos.

—Pero ser reina nunca fue una elección.

—¿Y tú?

Ella apartó la mirada.

—Yo elegí protegerte.

—¿Incluso fingiendo tu muerte?

—Especialmente por eso.

La abracé.

Después de tantos años, finalmente tenía respuestas.

Pero aún quedaba una pregunta.

—¿Quién intentó matarte?

Mi madre se quedó en silencio.

—El rey.

—¿Mi padre?

Ella negó.

—No.

—Entonces ¿quién?

Mi madre levantó la mirada.

—El padre de uno de los cinco.

Me quedé helada.

—¿Cuál?

Antes de que respondiera, una explosión sacudió el palacio.

La puerta se abrió violentamente.

Kaelen apareció.

—¡Nos atacan!

Mi madre tomó mi mano.

—Ya nos encontraron.



#5017 en Novela romántica
#1621 en Otros

En el texto hay: reverse harem

Editado: 28.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.