Los Cuatro PrÍncipes Que DebÍ Odiar

CAPÍTULO 8

La traición

Corrimos por los pasillos.

Los soldados del Consejo habían atravesado las defensas.

Adrik lanzó fuego.

Kaelen congeló el suelo.

Elían levantó barreras.

Dante desaparecía y aparecía entre las sombras.

Cassian luchaba junto a ellos.

Yo no sabía qué hacer.

Hasta que una voz apareció dentro de mi cabeza.

«Usa tu sangre.»

Miré mis manos.

—No sé cómo.

Dante apareció a mi lado.

—Sí sabes.

—¿Cómo?

—Deja de intentar controlar el poder.

—¿Y qué hago?

—Escúchalo.

Cerré los ojos.

Respiré.

Sentí algo recorrer mi cuerpo.

Una energía caliente.

Profunda.

Antigua.

Extendí la mano.

El suelo comenzó a cubrirse de líneas rojas.

Los soldados se detuvieron.

Una onda de magia salió de mí.

Todos cayeron.

Abrí los ojos.

Los cuatro príncipes me observaban.

Adrik sonrió.

—Definitivamente eres peligrosa.

—¿Eso es un cumplido?

—Sí.

Entonces escuchamos un grito.

Mi madre.

Corrí hacia ella.

Un hombre la sujetaba por detrás.

Llevaba una capa del Consejo.

—¡Suéltala!

El hombre sonrió.

—La reina siempre fue demasiado sentimental.

Mi sangre se congeló.

Reconocí su voz.

—Tú.

Era el hombre de mis pesadillas.

El mismo que había aparecido cuando era niña.

—Nos volvemos a encontrar, pequeña reina.

—¿Quién eres?

Se quitó la capucha.

Era un hombre de edad avanzada.

Y llevaba una corona.

Mi madre palideció.

—No...

Él sonrió.

—Hola, hija.

Me quedé sin aire.

—¿Qué?

Adrik levantó su espada.

—¿Hija?

El hombre continuó:

—Tu madre te mintió.

Miré a mi madre.

—Dime que no es verdad.

Ella lloraba.

—Valeria...

—¡Dímelo!

El hombre soltó una carcajada.

—Soy tu padre.

El mundo se volvió silencio.

Mi padre.

El hombre que supuestamente había muerto antes de que yo naciera.

El hombre que había desaparecido.

El hombre que ahora estaba frente a mí.

—No te creo.

—Deberías.

Miró a los cuatro príncipes.

—Ellos tampoco saben toda la verdad.

Cassian dio un paso adelante.

—No la escuches.

El hombre sonrió.

—¿Vas a decirle que no fuiste tú quien la entregó?

Cassian quedó inmóvil.

Mi corazón se rompió.

—¿Qué?

El hombre miró a Cassian.

—Díselo.

Cassian cerró los ojos.

—Es verdad.

Lo miré.

—¿Me traicionaste?

—Sí.

—¿Todo este tiempo?

—Sí.

—¿Entonces por qué me protegiste?

Cassian se acercó.

—Porque después de entregarte comprendí que había cometido el peor error de mi vida.

—No puedo confiar en ti.

Sus ojos se llenaron de dolor.

—Lo sé.

El hombre levantó una mano.

Una espada apareció en el aire.

Voló directamente hacia mí.

Cassian se interpuso.

La espada atravesó su hombro.

—¡Cassian!

Cayó de rodillas.

Lo sostuve.

—¿Por qué hiciste eso?

Él sonrió débilmente.

—Porque esta vez...

Tosió.

—...quería elegirte a ti.

El hombre desapareció entre las sombras.

Antes de irse, dejó una última frase:

—Nos veremos en la coronación.

Y desapareció.

Mi madre miró a Cassian.

—Tenemos que irnos.

—No —dije.

Todos me miraron.

Me levanté.

La sangre de mi mano cayó sobre el suelo.

—No vamos a huir.

Miré hacia la puerta.

—Vamos a recuperar mi reino.



#5017 en Novela romántica
#1621 en Otros

En el texto hay: reverse harem

Editado: 28.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.