El corazón oscuro
La batalla había terminado.
Pero nadie celebraba.
La fortaleza estaba llena de heridos y soldados exhaustos. Afuera, el campo estaba cubierto de armas abandonadas.
Yo solo podía pensar en una cosa.
La marca negra.
Uno de ellos la tenía.
Y no sabía quién.
—Tenemos que averiguarlo —dijo Kaelen.
Estábamos reunidos en la sala principal.
Adrik estaba de pie junto a la ventana.
Elían revisaba antiguos libros de magia.
Dante observaba las sombras del techo.
Cassian permanecía apartado.
—¿Y si la criatura mentía? —pregunté.
Dante negó.
—No creo.
—¿Por qué?
—Porque el Devorador no necesita mentir.
Me estremecí.
—Entonces uno de ustedes me va a traicionar.
Adrik golpeó la mesa.
—No.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque antes de traicionarte tendría que pasar por mí mismo.
Kaelen lo miró.
—Eso no tiene sentido.
—No me importa.
Elían dejó el libro sobre la mesa.
—Hay una forma de descubrirlo.
Todos lo miramos.
—El ritual del espejo.
Dante frunció el ceño.
—Está prohibido.
—Precisamente por eso puede funcionar.
—¿Qué hace? —pregunté.
Elían me miró.
—Muestra la verdadera intención de cada persona vinculada.
—Entonces hagámoslo.
Dante negó.
—Podría ser peligroso.
—Estoy cansada de tener miedo.
El ritual comenzó a medianoche.
Nos colocamos alrededor de un espejo antiguo.
Las cinco marcas brillaron.
El cristal comenzó a llenarse de imágenes.
Primero apareció Adrik.
Vi fuego.
Un castillo.
Y a él arrodillado frente a mí.
—Juro protegerla hasta mi último aliento.
La imagen desapareció.
Después apareció Kaelen.
Estaba frente a una multitud.
—Juro que nadie decidirá por ella.
Otra imagen.
Dante.
Estaba solo, sentado junto a una ventana.
Tenía lágrimas en los ojos.
—Aunque ella me odie, jamás la abandonaré.
Elían apareció después.
Sonreía mientras me veía dormir.
—Solo quiero que sea feliz.
Finalmente apareció Cassian.
El espejo se volvió completamente negro.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué significa?
Nadie respondió.
Cassian dio un paso atrás.
—No lo sé.
La oscuridad del espejo comenzó a extenderse.
Dante se puso delante de mí.
—Aléjate.
Cassian levantó las manos.
—No estoy haciendo nada.
Entonces el espejo explotó.
Una sombra atravesó la sala.
Entró directamente en el pecho de Cassian.
Él gritó.
—¡Cassian!
Cayó de rodillas.
La marca de su muñeca se volvió negra.
Todos quedaron inmóviles.
—Es él —susurró Kaelen.
Cassian respiraba con dificultad.
—No...
Me acerqué.
—Cassian.
—Aléjate.
—No.
—¡Valeria, aléjate!
Sus ojos se volvieron completamente negros.
Una sombra salió de su cuerpo.
Dante lanzó una barrera.
—¡Está poseído!
Cassian levantó la cabeza.
Su voz ya no era la misma.
—La reina será mía.
Sentí un escalofrío.
—Cassian...
Él sonrió.
—Corre.
Y desapareció.
—Tenemos que encontrarlo —dijo Adrik.
—Sí.
Kaelen tomó su espada.
Dante cerró los ojos.
—Sé dónde está.
—¿Dónde?
—En el bosque prohibido.
Elían palideció.
—Nadie sobrevive allí.
Miré a los cuatro.
—Entonces iremos.
Adrik negó.
—No.
—¿Qué?
—Es demasiado peligroso.
—Cassian está solo.
—Cassian ya no es él mismo.
Lo miré.
—Entonces tenemos que salvarlo.
Adrik suspiró.
—Sabía que dirías eso.
Entramos al bosque antes del amanecer.
Los árboles parecían observarnos.
Las ramas se movían aunque no había viento.
Después de una hora encontramos una pequeña cabaña.
La puerta estaba abierta.
Entramos.
Cassian estaba sentado en el suelo.
La marca negra había desaparecido.
—Cassian.
Levantó la mirada.
Sus ojos eran normales.
—Valeria...
Corrí hacia él.
Dante me detuvo.
—Espera.
Cassian sonrió débilmente.
—No estoy poseído.
—¿Entonces qué pasó? —pregunté.
Cassian miró su mano.
—El Devorador no me está controlando.
—¿Qué?
—Me está usando como puerta.
Todos quedaron en silencio.
—¿Puerta para qué?
Cassian me miró.
—Para llegar hasta ti.
Una sombra apareció detrás de él.
—¡Valeria, corre!
Pero la sombra ya estaba sobre nosotros.
Una voz retumbó en el bosque.
«La coronación será mi despertar.»
Y comprendí que solo faltaban dos días.