Los Cuatro PrÍncipes Que DebÍ Odiar

CAPÍTULO 14

La ciudad estaba en silencio.

Las calles que horas antes estaban llenas de personas ahora estaban vacías.

Sobre el cielo, una enorme grieta roja se extendía entre las nubes.

El Devorador había llegado.

—Tenemos que sacar a la gente de aquí —dijo Kaelen.

—No hay tiempo —respondió mi madre.

Adrik levantó su espada.

—Entonces lucharemos aquí.

Dante miró hacia el cielo.

—No podemos vencerlo con nuestras fuerzas actuales.

—¿Qué necesitamos? —pregunté.

Dante me miró.

—A ti.

—¿Mi sangre?

—Tu poder completo.

Sentí un escalofrío.

—¿Y cómo lo despierto?

Mi madre se acercó.

—Debes aceptar quién eres.

—¿Y quién soy?

Ella tomó la corona negra.

—La heredera de los siete reinos.

Me puso la corona sobre la cabeza.

Las cinco piedras comenzaron a brillar.

Adrik cayó de rodillas.

Kaelen hizo lo mismo.

Dante y Elían también.

Cassian permaneció de pie.

—¿Por qué no te arrodillas? —pregunté.

Cassian sonrió.

—Porque nunca quise ser tu súbdito.

Se acercó.

—Quiero ser tu compañero.

Mi corazón dio un vuelco.

—Entonces quédate a mi lado.

Cassian tomó mi mano.

—Siempre.

Las cinco marcas brillaron.

Una enorme explosión de luz atravesó el palacio.

La grieta del cielo comenzó a cerrarse.

Pero el Devorador rugió.

«¡NO!»

La criatura descendió sobre la ciudad.

Sus ojos brillaron.

—¡Ahora! —gritó mi madre.

Los cuatro príncipes levantaron sus manos.

Adrik lanzó fuego.

Kaelen creó una tormenta de hielo.

Dante abrió un portal de sombras.

Elían lanzó una ola de luz.

Yo extendí ambas manos.

Mi sangre se convirtió en energía.

Las cinco fuerzas se unieron.

Por primera vez, comprendí lo que significaba nuestro vínculo.

No éramos cinco personas separadas.

Éramos una sola fuerza.

—¡Juntos! —grité.

El ataque golpeó al Devorador.

La criatura comenzó a desaparecer.

Pero antes de hacerlo, lanzó una última maldición.

«Tu padre todavía vive.»

Miré hacia el palacio.

El rey había desaparecido.

—No...

Mi madre tomó mi mano.

—Tenemos que encontrarlo.

Pero entonces escuchamos aplausos.

Todos nos giramos.

Mi padre apareció en lo alto de una torre.

Tenía una sonrisa en el rostro.

—Felicitaciones, hija.

—¿Qué quieres?

—Que ocupes tu lugar.

Levantó una espada.

—Como reina.

Y saltó desde la torre.

Cuando llegué al lugar donde había caído...

había desaparecido.

Solo quedaba una carta.

La recogí.

En ella había una frase:

«El verdadero enemigo nunca fue el Devorador.»

Debajo había cinco palabras.

«Uno de ellos te traicionará.»

Miré a los cuatro príncipes.

Y esta vez...

ninguno sonrió.



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En el texto hay: reverse harem

Editado: 28.08.2026

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