Un año después, los siete reinos estaban unidos.
Yo gobernaba.
Mi madre era mi consejera.
Mi padre estaba encerrado.
Y los cinco hombres que alguna vez fueron mis enemigos permanecían a mi lado.
A veces discutían.
A veces se ponían celosos.
Y, algunas noches, todavía discutíamos sobre quién debía protegerme.
Pero ya no había secretos.
Una mañana encontré cinco cartas sobre mi escritorio.
Cada una tenía una frase.
Adrik: «Siempre elegiría salvarte.»
Kaelen: «Nunca permitiré que alguien decida por ti.»
Dante: «Te encontraría en cualquier vida.»
Elían: «Tu felicidad siempre será suficiente.»
Cassian: «Aunque vuelvas a odiarme, volveré a enamorarme de ti.»
Sonreí.
Guardé las cartas.
Y miré por la ventana.
Mi historia había comenzado con cuatro príncipes que juraron matarme.
Pero no terminó con una princesa esperando ser salvada.
Terminó con una reina que eligió su propio destino.