Los Cuatro Reyes: El Cuento del Héroe

Primer Aliento

Capítulo 1

Mart abrió los ojos lentamente.

El mundo era borroso.

Durante unos segundos no entendía lo que estaba viendo; solo manchas de color mezcladas entre sí: verde, gris y una luz suave que descendía desde el cielo. El suelo estaba frío. Sentía humedad bajo su cuerpo, pasto aplastado y lodo pegado a su ropa.

Intentó moverse.

Sus manos se hundieron ligeramente en la tierra. El roce del pasto contra sus dedos le resultó extraño, como si su cuerpo descubriera por primera vez lo que era tocar algo.

Respiró.

El aire entró con fuerza en sus pulmones y lo hizo toser.

Frente a él se alzaban piedras antiguas cubiertas de musgo, restos de lo que alguna vez debió ser una capilla. Muros derrumbados, columnas partidas, un techo que hacía tiempo había cedido al peso del tiempo.

Mart se incorporó con pesadez.

Vestía una túnica gris desgastada y un abrigo viejo. Al mirar sus manos, notó cicatrices delgadas e irregulares que cruzaban su piel como ramas secas.

Algo le decía que debería saber qué eran.

Pero no lo sabía.

No recordaba nada.

Levantó la mirada hacia el cielo azul profundo.

—Hermoso… —susurró.

Los días pasaron lentamente.

Mart aprendió a ponerse de pie tras muchas caídas. Sus piernas temblaban cada vez que intentaba caminar. El dolor se volvió una presencia constante, una presión silenciosa dentro de su cuerpo que parecía empujarlo a moverse, a buscar algo.

Siguiendo un impulso que no sabía explicar, entró en las ruinas de la capilla.

Allí lo encontró.

Incrustado en una piedra rota, como si hubiese sido abandonado siglos atrás, descansaba un arma enorme: un espadón de acero oscuro.

Mart se acercó con cautela.

Cuando sus dedos tocaron la empuñadura, las cicatrices de sus manos ardieron con un brillo verde tenue.

El mundo se detuvo.

Un recuerdo apareció.

Una capilla blanca.

Un recuerdo apareció: Una capilla blanca. Un hombre llamado Ryze, aprendiz del rey Eldric, luchaba frente al altar contra una silueta oscura y distorsionada. —Raíz del mundo… fuego nacido de la vida… escuchen mi voz…

El combate era feroz.

Una ráfaga invisible arrancó el brazo derecho de Ryze. Sin embargo, el hombre no retrocedió. Con palabras antiguas unió nuevamente su brazo al cuerpo, como si la carne obedeciera su voluntad.

La visión se rompió.

Mart volvió a la realidad, jadeando.

Intentó repetir las palabras.

—Raíz del mundo…

Pero su voz sonó vacía.

Con el tiempo aprendió a sobrevivir.

Cazó animales pequeños. Escuchó los sonidos del bosque. Observó las estrellas.

Algo dentro de él le decía que debía moverse.

Así que caminó hacia el norte.

El aire se volvió más frío. El olor del bosque cambió, adquiriendo un sabor metálico.

La nieve apareció poco después.

Mart avanzó entre la tormenta hasta que vio algo moverse en la distancia.

Una criatura gigantesca.

Un mamut.

La bestia era tan grande que parecía una colina viviente, con colmillos curvados como lunas blancas. Durante un instante, Mart olvidó el frío y el miedo.

—Eres… impresionante… —murmuró.

Entonces vio a los jinetes.

Intentó levantar su espada.

Pero un silbido seco cortó el viento.

THK.

Una lanza atravesó su brazo derecho.

El impacto lo hizo caer de rodillas. El espadón resbaló de sus dedos y se hundió en la nieve.

El dolor fue inmediato, brutal.

No era una advertencia.

Era una cacería.

La realidad se fragmentó.

Mart vio cuatro tronos bajo un cielo oscuro. Uno estaba roto.

Una sombra cruzó el firmamento.

Y todo volvió.

La nieve.

La sangre.

Los hombres descendiendo del mamut.

Uno de ellos habló.

—Creo que podríamos haber esperado un poco.

Mart respiraba con dificultad.

El dolor lo consumía.

Pero algo dentro de él se negó a ceder.

Levantó la cabeza.

—Soy… un rey…

Su voz apenas salió.

La oscuridad comenzó a cerrarse sobre su visión.

Y el mundo desapareció.




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