Los Delitos de la Hechicera (#2.5 Oels)

2. El vacío de Hécate.

HÉCATE

Cronos nuevamente me había mandado a hacer una tarea que yo no quería. Después de que lo aprisionaran en el Tártaro, su poder parecía estar debilitándose cada día y aún así, él seguía controlándome. Cada vez que me rehusaba comenzaba a decir cosas sin sentido y ante mí aparecían seres extraños con túnicas extrañas diciéndome cosas al oído; entonces comenzaba a quemarlo todo, poseer todo, maldecir todo.

Habíamos pasado siglos en esto, pero a pesar de que la gran mayoría de las cosas que hice, él siempre parecía estar insatisfecho. Eso significaba una próxima tortura para mí. Así que a la próxima tenía que mejorar.

Las llamas en mis dedos volvieron a aparecer formándose con las motitas púrpuras que creaban dagas de intensa flama. Comencé a consumirlo todo de nuevo.

El pueblo frente a mí comenzó a desaparecer bajo las llamas.

Quemé todo lo que antes era un pueblo sin nombre para llenar este vacío. Miré hacia la nada, hacia el todo, pero nada de eso logró lo que buscaba, al contrario, lo empeoró.

- ¿Por qué estoy sintiendo esto? - solté con tanta rabia. - ¿Por qué siento que no encajo cuando hago todo lo que puedo para hacerlo? - miré hacia las estrellas, sintiendo que de alguna manera, ellas también me miraban como si trataran de consolarme, como si les doliera verme sufrir - Esto... Nada de esto vale la pena. Siento... Siento tanto y a la vez es como si no sintiera nada. Este vacío en mi pecho me está consumiendo por dentro, me está desgarrando y punzando de una manera tan dolorosa, que creo que en cualquier momento se va a escuchar como un vidrio quebrándose en miles de pedazos para pasar al olvido - solo susurré al cielo como si se tratara de mi confidente. Me permití ser vulnerable con él - solo quiero que este sentimiento se vaya.

Es triste como alguien en su vacío, busca satisfacer lo único que conoce y aún así, ese dolor constante no se va. Permanece y se adhiere a la piel.

Esa noche, padre no volvió. Dijo que tenía que enfrentarse a las Deidades que le habían robado el trono.

Recuerdo que una vez le pregunté si ellos habían significado algo en su vida.

Siempre me respondía que no.

*-†-*-*-*-*-†-*-*-*-*-†-*

Padre siempre decía que al momento de pelear con los Dioses, siempre cambiara mi apariencia. Así ellos nunca sabrían a quién verdaderamente se enfrentaban.

El poder de Caos fluyó una vez más cuando comencé a absorber el poder de las hojas y con ellas, claramente, el poder de las ninfas del bosque. Padre así lo quería.

En vez de mi auténtico cabello carmesí, conseguí un cabello corto y castaño. No me detuve a revisar los demás cambios. A pesar de que al gran Cronos le fascinaba esto, yo no estaba muy entusiasmada por ello. Y aún así, tenía que fingir que sí.

– Poseidón, es un verdadero gusto verte. – y a pesar de que le hablé, parecía que la voz que lo hizo era totalmente ajena a mí.

Sentía que mi cuerpo no era mi cuerpo y no pude hacer nada para detenerlo. Otra vez estaba poseída por su ambición.

– Veo que ahora pareces más un chico que una chica, tesoro. – respondió él con desdén. Me reí.

– El gran Poseidón – bufé con sorna – Siempre hablando y hablando ¿Te gustó el regalo que te envié? – Medusa era conocida por ser una gorgona hermosa y seductora, pero aquí entre nosotros, lo único que le interesó fue estar con el Dios frente a mí.

Su sonrisa sarcástica desapareció – Atenea cree que profané su templo con esa sacerdotisa en su templo ¿Sabes que me dijo? Que hará todo lo posible para asesinarte.

Me reí de nuevo, esta vez absorbiendo de la tierra bajo mis pies – ¿De verdad? Sabe bien que eres un pillo. No me sorprendería que haya maldecido a la pobre chica. – sobre todo por los celos. No era un secreto, o tal vez sí, el hecho de que entre ellos dos siempre había tensión ¿Cómo lo sé? Cronos no solo me ha mandado a pelear con ellos, sino a observarlos. Conocer sus debilidades.

¿Estoy de acuerdo con eso? No ¿Tengo que fingir que lo disfruto? Si.

– Tienes que detenerte, Hécate. – lanzó una estocada de agua hacia mí. Me refugié en una burbuja de aire.

– No esperes que sea blanda contigo. Hoy no. – lancé fuego una y otra vez. Él los evaporaba.

Luchamos hasta que el suelo comenzó a temblar. Nuestras peleas siempre fueron así; él invocando terremotos, yo creando caos a mi paso.

Y aún así, es como hacerlo todo sin estar plenamente consciente.

Luego de una estocada por su parte, sentí como si despertara repentinamente de un sueño. Comencé a correr. Alejarme de él.

Si, según Cronos, yo poseía los poderes del Caos, pero eso no significaba que fuese inmune a todo. Toqué mi pecho para sentir la abertura que comenzaba a expulsar sangre y maldije por lo bajo mientras seguía corriendo por el bosque, viendo como a mi paso las hamadríades se desprendían de sus troncos para echarme un vistazo y luego volver a su posición como si no estuviese pasando nada.

Esta vez Poseidón me hirió, pero a la próxima no se lo dejaría tan fácil.

Y aún así, derrotarlo no sería suficiente.

Porque, hiciera lo que hiciera, ese vacío no se llenaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.