PHOEBE
– Tienes que hacerlo otra vez, aprendiz. – murmuró Hécate con tono mordaz.
Volví a levantarme del suelo. Recibir lecciones después de haber pasado casi toda mi vida encerrada y tratada como un experimento no era mi fuerte, pero si quería sobrevivir, tendría que seguir aprendiendo.
– Otra vez. – vociferó.
Hécate casi nunca hablaba de ella, pero por rumores que escuché antes de conocerla, sé que es la Hechicera a la que todos temen. Algunos le dicen "la de las mil formas y nombres" pues ninguno conoce su verdadero rostro y siempre cambia, como una especie de camaleón.
Conmigo se ha dejado ver, pero a medias.
– Estás distraída, Phoebe. – suspiré después de que un hilillo plateado saliera de mis dedos, pero bastante chueco y después de un chispazo, desapareció.
– ¿Por qué nunca me cuentas nada? – tantee el terreno antes de acercármele por completo. No era la primera vez que me chamuscaba la ropa por ponerme a su lado repentinamente.
Hécate últimamente tenía muy mal genio.
– Llevo un par de meses evitando a alguien.
– ¿Cronos? – se escuchaban muchas cosas en el bosque. Ella me miró con el ceño fruncido, sus ojos violeta enseñándome un vacío que me inquietó. Después de una especie de guerra de miradas, suspiró con reginación.
– Si, Cronos. – conocí a Hécate cuando estuve vagando por el bosque después de escapar de aquella prisión. Ella me acogió como si yo fuese su hija. Cuando vio que estaba completamente sola, decidió tomarme como su aprendiz. La gran Diosa roja decidió enseñarme a sobrevivir.
Vi como de sus dedos comenzaba a salir un hilillo rojo que comenzaba a juntarse con una flama que creó con su otra mano; ambas comenzaron a danzar. Me sorprendió ver de cerca el poder de Caos. Ella me contó lo que le había dicho su padre sobre él, pero verlo es algo muy distinto. Lanzó la bola hacia arriba y esta impactó lejos de nosotras formando una especie de huracán. Miré a Hécate con asombro y ella solo parpadeó una vez hasta que el caos momentáneo que se formó desapareció.
Cuando la veía, solo podía ser consciente de cuánto la amaba.
Y a pesar de su frialdad momentánea, cada vez me demostraba que me amaba como nadie más lo hacía.
– ¿Por qué nadie más sabe que tienes el poder de Caos, maestra?
Todos pensaban que solo se trataba de un mito. El poder de Caos se basaba en la unión del mar y la tierra; lo eterno y lo efímero; la salvación y la destrucción; la luz y la oscuridad y como todos juntos, podrían traer la paz o consumir la tierra.
Pero decían muchas cosas en el bosque. Tantas que realmente no creo saber qué es cierto o qué es falso.
– Si alguien lo sabe, Cronos comenzará a destruirlo todo sin ton ni son. – tragué con fuerza al escucharla – Más de lo que ya está haciendo.
Y a pesar de lo conocida que era en todas partes, ella decidió mantenerme en el anonimato para protegerme.
– ¿Crees que Cronos vendrá a buscarte? – acarició mi mejilla con cariño y luego besó mi frente. Vi el momento exacto en el que sus ojos se humedecieron mientras se alejaba de mí.
– Si, pequeña Phoebe. – su voz salió algo rota – Cronos no me dejará ir tan fácilmente.
Me dolía saber que en algún punto tendría que perder a mi figura materna.
– Pero maestra, podemos...
– No, Phoebe.
Solo se levantó y se adentró a nuestra cueva en el bosque.
Y a la mañana siguiente se marchó.