ADARA
Un fragmento de Cronos apareció esa noche en la que hablé con Phoebe. Como siempre. Me amenazó con hacerle daño si no volvía con él. Claramente lo hice.
Ahora con el nombre de Adara, comencé a adentrarme en el bosque. "Adara", un nombre escogido por Cronos como una estrategia para que nadie más sospechara de mi verdadera naturaleza.
Aunque algunas criaturas ya comenzaron a sospechar de que Hécate y Adara eran la mis deidad maligna debido a la similitud de sus poderes.
El dolor de cabeza parecía crecer con cada paso que daba.
Seguía sin recordar muy bien el suceso con las musas y Atlas. Después de abandonar a Phoebe para protegerla de mi padre, solo recuerdo haber visto las túnicas de nuevo, luego ya nada. Todo seguía siendo muy confuso gracias al poder de Cronos sobre mí.
Y ahora aquí estaba de nuevo; asumiendo otra tarea que no quería: vigilar a otro Dios, solo que este no pertenecía al Olimpo. No. Este era el mismísimo Hades.
El Rey de las Almas. El Dios de los Muertos. El Regente del Inframundo.
¡Más hermosa no podía ser la criatura!
Pero llegar a él fue difícil, realmente difícil. Ese perro de tres cabezas siempre estaba vigilando. Ese barquero era muy atento a todo. El Inframundo nunca estaba solo, pero un día, después de que la chiquilla hija del Gran Zeus y Démeter llegara, Hades no iba a durar mucho para querer salir de allí.
Comprendí entonces que probablemente era tan esclavo de su mundo como yo lo era del mío, pero decidí ignorar ese pensamiento y seguir con el plan que había orquestado papá.
Conseguir a la chica fue fácil. Era hija de un granjero, poco conocida ante el mundo y bastante olvidable.
Y aún así, cuando me acerqué a ella en el lago, sentí que no quería hacerlo, pero nuevamente los hombres de las grandes túnicas aparecieron. Cronos los envió de nuevo; estaba usando su poder aún dentro del Tártaro para poseerme otra vez y como no pude controlarlo, caí ante él.
Solo recuerdo que no pude hablar mucho con ella. Tomé su alma y con las manos en puño, la consumí. Sin saber muy bien lo que hacía, comencé a asentarme en su cuerpo y llegó un punto en que mientras caminaba por el bosque, me detuve a dormir.
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El mercadillo de Delos estaba lleno otra vez. Las personas iban y venían como si se tratara de una estampida. Era extraño, pero, por alguna extraña razón, reconfortante.
Fue allí mi primer encuentro con él.
Nunca creí que el temible Hades sería un completo coqueto, pero me sorprendí gratamente.
Comencé a disfrutar el tiempo con él.
– Eres hermosa. – lo decía cada vez que podía.
– Lo sé – pero realmente no lo sabía.
Comencé a verlo con otros ojos. No como una tarea. No como simplemente Héctor. No como simplemente Hades.
Comencé a verlo. Sus partes buenas y malas.
Y no tardé en enamorarme de él.
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Pasaron tantas cosas entre nosotros que simplemente temí demasiado que todo se terminara, pero terminó. Después de tomar mi forma como Danessa, Hades apareció días después fingiendo ser un mortal llamado Héctor, estuvimos un tiempo juntos y fue inevitable todo lo demás, pero entonces Cronos vio que estaba desarrollando una debilidad por él y decidió actuar haciendo acto de presencia ante mí justo cuando iba a buscar a Hades para confesarle todo.
– Siempre a tiempo, papá. – susurré fingiendo estar en calma. Él solo se rió sin emoción. Solo podía usar una pequeña parte de su poder, pues el Tártaro lo estaba consumiendo poco a poco y su poder se estaba debilitando.
– Veo que te encariñaste con él. – me encogí en mi lugar.
Tenía inquietud constante con Héctor. Me moría por decirle que sabía que él era Hades y terminar con su sufrimiento, pero no podía hacerlo. Cronos lo mataría si yo le decía algo sobre esto.
– Hago bien mi papel.
Y terminé enamorándome profundamente.
¿Cómo decirle a Hades que lo amo, pero que todo lo que soy es solo un espejismo? Danessa no existe.
– Ese papel ya se terminó. – levanté la mirada hacia él – Necesito que hagas por mí algunas cosas. – sudé frío al escucharlo – Se trata de Maya.
Supe entonces que odiaría cada segundo si es que no me adormecía de nuevo como en todas mis tareas encomendadas por él.
Como todo lo demás que hice siendo solo un títere.
Cronos llevaba los hilos para manejarme a su antojo.
Otra vez.