Los Delitos de la Hechicera (#2.5 Oels)

5. La Gran Guerra.

ADARA

Paris cometió un grave error.

Sigo sin entender cómo es que Artemisa, Atenea y Afrodita fueron tan descuidadas en sus apuestas. Si. Las vigilé. Después de todo, ese era mi trabajo ¿No? Vigilar a los dioses y encontrar sus puntos flacos.

Poco a poco el nombre de "Hécate" iba siendo reemplazado por "Adara", pero seguían las sospechas sobre mi identidad. Pasó demasiado tiempo desde la última vez que me llamaron por mi auténtico nombre.

Hécate.

Cómo lo extrañaba.

– ¡Es Adara, corran! – claro que nada como una túnica con capucha no pueda arreglar ¿Verdad? El cabello rojo comenzó a ser la marca característica para el nombre que me dieron; La Diosa Roja.

Solo por el cabello ¿Creativos? No lo creo.

Comencé a quemarlo todo. Otra orden de Cronos que tuve que llevar a cabo al pie de la letra. De repente, mi mente se consumió en la nebulosa conocida y la posesión comenzó hasta que se volvió confuso el ataque a las aldeas y a las criaturas inocentes. Comencé a maldecir el páramo más cercano mientras escuché gritos desgarradores, pero como en cada tarea, se escuchaban lejanos.

Hasta que todo se detuvo y volví a la realidad cuando regresé al bosque mientras me dirigía hacia el inframundo para ver si lograba ver a Hades desde lejos, pero me tropecé con una chica acurrucada en un gran árbol y su rostro escondido entre sus piernas.

La reconocí de inmediato. La niña a la que bendije en el vientre de su madre, Casandra de Troya y, a la que le di el don de la visión. Claro que la mayoría temía de ella por la asociación de ese don conmigo.

– ¿Por qué lloras, criatura? – me escuché decir.

La niña se encontraba frente a mí, tan hermosa y con sus preciosos e inocentes ojos oliva llenos de lágrimas.

– Nadie quiere creerme sobre la guerra.

Me senté con ella mientras acariciaba su cabeza suavemente. La chica lloraba porque en el pueblo decían que estaba loca, solo porque advirtió sobre cosas que al final si pasaron.

– Solo tienen miedo porque tienes un don divino y ellos no. – susurré, tratando de darle consuelo. Ella solo asintió. – ¿Sabes algo? Yo te ayudaré.

Agarré sus manos entre las mías y una luz púrpura salió de ellas, las dos nos miramos con fijeza. Ojos oliva tropezando con ojos violeta. Estaba transmitiendo más de mi poder para que tuviera más equilibrio. Más certeza. Más fuerza.

Después de esa noche, nos reuníamos cada mes, hablábamos y bailábamos. Fue como revivir una parte de mi relación con Phoebe.

¡Cómo extrañaba a mi pequeña Phoebe!

Tiempo después, Casandra de Troya comenzó a ver a Apolo y aunque no estuve de acuerdo, tampoco lo mencioné demasiado.

– Adara, soy feliz con él. – me dijo un día.

– ¿Es lo que quieres?

– Es todo lo que deseo,

Pero no pregunté más. Solo necesité saber eso para dar mi próximo paso. No sabía qué tan cercanos eran, pero nunca me aventuré. Si yo lo sabía, con el tiempo, Cronos buscaría la manera de sacarme la información.

– Está bien.

Me alejé de la chica para protegerla a ella y a Apolo a espaldas de Cronos.

Y meses después, la guerra estalló. Tal como Casandra de Troya lo predijo. Luchamos contra los olímpicos mientras los Troyanos y Griegos estaban en su Guerra.

Claro que perdimos. Los troyanos cayeron. Nosotros también.

Y Cronos me castigó por eso.




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