Los demonios de Camila

Prólogo

A muchas personas les agrada ser observadas. Basta con pensar en las chicas populares, los deportistas, los estudiantes brillantes... En general, a quienes sobresalen les complace ser vistos mientras hacen lo que mejor saben hacer.

Pero también existen personas como Camila, que detestan ser observadas. Por desgracia, para ella ha sido imposible esquivar las miradas que la recorren de pies a cabeza. No es que la gente se detenga a admirar su belleza -que la tiene-, pues curiosamente eso es lo que menos notan. Tampoco se enfocan en su cuerpo como suele ocurrir, lamentablemente, con la mayoría de las chicas. Y no, tampoco la miran con simpatía o con deseos de acercarse y conocerla mejor.

Las miradas que recibe Camila son distintas. Penetrantes. Cargadas de prejuicios. Miradas que, más que incomodidad, le causan inseguridades profundas. Son el reflejo de una problemática social que ha sido ignorada durante demasiado tiempo: la discriminación por discapacidad.

Aunque Camila ya está acostumbrada, nunca deja de doler. Siempre es una tortura sentir esas miradas encima, esté donde esté. Porque incluso desde lejos, el capacitismo se nota, se siente. La mayoría de las personas lo ejercen sin siquiera notarlo.

Bien dicen que cada quien carga con sus propios demonios... y la cuadriparesia atetósica leve a moderada era el suyo.




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