Los demonios de Camila

Capítulo 16

El Día de San Valentín por fin había llegado. Por todos lados, chicos caminaban con flores, globos y obsequios, esperando encontrarse con las chicas con las que celebrarían el Día del Amor y la Amistad.

Camila se sentía especialmente ansiosa ese día. Tal vez era por las miradas insistentes de varias chicas que murmuraban entre ellas mientras la observaban. O quizá porque, aunque semanas atrás le había dicho a Raúl que, si llegaba a aceptarlo en una relación, sería después del 14 de febrero, no sabía si él respetaría su decisión o intentaría convencerla de lo contrario.

Para calmar un poco su ansiedad, sacó sus audífonos y puso su playlist favorita, compuesta casi en su totalidad por canciones de José José. La mayoría de sus conocidos solía bromear al descubrir que uno de sus artistas favoritos era él, pero para Camila había algo especial tanto en su voz como en las letras de sus canciones: algo que la hacía sentir en paz, que la transportaba a otro mundo.
Y esta vez no fue la excepción. Sentada en el suelo, fingiendo revisar sus apuntes mientras escuchaba El Triste, la ansiedad comenzó a desvanecerse… hasta que alguien le tocó el hombro.

Alzó la mirada. Era Raúl. Y en sus manos llevaba un obsequio.

Camila se levantó de inmediato.

—Feliz Día del Amor y la Amistad, Camila. Espero que te guste el regalo… Lo hicimos mi hermanita y yo —dijo con cierta timidez, frunciendo el ceño como siempre que temía no estar a la altura.

El obsequio era un bello arreglo hecho casi por completo a mano por Raúl y su hermana Mili. Consistía en una bolsa de celofán con mucho confeti de colores —hecho a mano por Mili— que adornaba una figura de crochet: un xoloitzcuintle de unos treinta centímetros de alto. También incluía una carta, cuyo sobre había sido elaborado por su hermanita.

—Me encanta… Muchas gracias —dijo Camila emocionada. Su voz se agudizaba levemente cuando algo le emocionaba de verdad.

A ella no solía costarle trabajo escoger regalos para otras personas, pero esta vez se le había dificultado. Al final, había optado por regalarle a Raúl un jersey personalizado y un peluche. También había incluido una carta. El jersey estaba inspirado en el uniforme oficial del equipo profesional favorito de Raúl, mientras que el peluche era una tortuga, igual que la mascota de la escuela, y vestía el mismo diseño.

Camila tomó su regalo y le dio un abrazo. Luego lo dejó un momento en el suelo y sacó su obsequio de la bolsa negra en la que lo llevaba. Tras ver el nivel de detalle del regalo de Raúl, se sintió un poco apenada por lo poco personal que le parecía el suyo.

—Yo también te traje algo… pero no es tan lindo como el tuyo —dijo, algo avergonzada.

Raúl tomó el regalo con una expresión que parecía sacada de una mañana de Navidad. Abrió la bolsa con mucho cuidado, como si cada detalle importara.

—¿Bromeas? ¡Me encanta! Gracias —dijo, abrazando con entusiasmo el peluche.

—Aún falta, termina de verlo —le dijo Camila, animándolo.

—¿Hay más? Esto es como San Valentín y Navidad adelantados —dijo divertido, mientras sacaba la carta y el jersey.

Para poder costear el xoloitzcuintle de crochet, Raúl había gastado todo lo que había ahorrado en lo que iba del año. Llevaba varios fines de semana trabajando medio turno con la esperanza de comprarse un jersey personalizado, como el que tenían los demás chicos del equipo. Pero así era él: no escatimaba en regalos cuando le nacía hacerlo por alguien que quería. Al ver que el obsequio incluía un jersey, se sonrojó levemente, sabiendo que ahora podría usar sus ahorros para otra cosa.

—Wow, Camila… me encanta. Muchas gracias —dijo con sinceridad, conmovido.




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