Los demonios de Camila

Capítulo 17

En el espíritu del Día de San Valentín, la escuela y algunos alumnos organizaron varias dinámicas. Una de ellas consistía en solicitar a los "querubines de Cupido" que entregaran los obsequios a la "media naranja" de quienes los solicitaban. En las tres clases que llevaban hasta el momento, varias chicas ya habían recibido sus respectivos regalos, y algunos incluso se habían convertido en parejas ese mismo día.

Rubí era una de las pocas que arrasaba con los obsequios de sus admiradores no tan secretos. Por su parte, Marilú y Sofía repartían paletitas de corazón a todos los grupos. Ingrid también recibía una cantidad impresionante de cartas y flores que no dejaban de llegar, pero ella lucía claramente amargada. Lo cierto era que ninguno de esos obsequios le emocionaba, porque ninguno provenía de la persona que ella deseaba.
Ingrid era de esas chicas que desean que todos los chicos que en algún momento se interesaron por ellas sigan eternamente enamorados, aunque ella ya esté en otra "relación". No era un secreto que, tras enterarse de que Raúl pretendía algo serio con Camila, se obsesionó con impedirlo, bombardeándolo con mensajes y llamadas recordándole cuánto la había amado.

Otro chico sobre el que aplicaba la misma táctica era Darío. Ingrid no quería soltar a sus dos ex más recientes por pura envidia y sed de venganza. Camila era la única chica que Andrés tomaba en serio, la única por la que se preocupaba genuinamente, por la que sería capaz de todo. Ingrid no veía a Camila como su rival porque, según ella, "Camila es tan poca cosa comparada conmigo" y "alguien como Andrés jamás se fijaría en un fenómeno como Camila". Pero sus inseguridades crecían al ver que alguien a quien siempre consideró inferior era más importante para quienes aún consideraba suyos.

Para Ingrid, este San Valentín no sería su día. Había sido bloqueada por Raúl en todas sus redes sociales, acababa de enterarse de que Darío planeaba regalarle algo a Camila y, por si fuera poco, acababa de romper con Andrés tras descubrirlo besando a otra chica.

—Vaya que este no será tu día, amiguis —comentó Michelle, caminando por el pasillo junto a Ingrid.

—Cállate. No recuerdo haberte preguntado nada.

—Uy, yo solo decía... Yo que tú me iba a la café o a cualquier otra parte porque los querubines van hacia tu querida "mejor amiga".

Ingrid ardía de rabia. ¿Cómo era posible que ese "fenómeno" estuviera quedándose con todos los chicos que alguna vez la adoraron? Observó con resentimiento. Luego vio a Darío y decidió acercarse. Sabía que Camila rechazaría el obsequio. Era evidente incluso para Darío, aunque guardaba una ligera esperanza.

Había investigado con Ray sobre los gustos de Camila y pensaba que el obsequio podría hacerla reconsiderar.

—¿No te cansas de hacer el ridículo, bebé? Ella te va a odiar hasta el día que se muera —le dijo Ingrid con crueldad.

—¿Y tú no te cansas de hacerlo tú? Camila es mil veces mejor que tú en todo: más bonita, más inteligente, con más presencia. Por eso esos idiotas de Andrés, Raúl y yo estamos enamorados de ella —le soltó, harto.

—¿A quién quieres engañar? Tú no estás enamorado de ese "fenómeno". Solo dices eso para molestarme. Te obsesiona que es la única que te ha rechazado. Y vaya que tiene razón... Nadie quiere estar con alguien tan patético —disparó con saña. Lo que le dolió fue que él la comparara y dijera que Camila era mejor y más bonita.

—¿Por qué no mejor te vas y me dejas en paz? Ya fui claro: la única que me interesa es Camila.

Camila estaba con sus amigas cuando vio que los querubines se acercaban con un regalo. Todos pensaron que era otro obsequio para Rubí, lo cual era lógico. Pero cuando leyeron el nombre del destinatario en voz alta, Camila volteó extrañada a ver a Raúl.

Él sintió un pequeño golpe de celos, creyendo que tal vez el regalo era de Andrés u otro chico. Pero al notar que la letra en la nota era de Darío, Camila no tardó en reaccionar.

—No puedo conservarlo. ¿Podrían devolverlo, por favor? —dijo apenada, devolviendo la nota.

—¿Estás segura de que no lo quieres? —preguntó uno de los querubines.

—Segura. Gracias, de todas maneras.

Cuando los querubines se dieron vuelta, Camila se dio cuenta de dónde estaba Darío, observándolo todo. A su alrededor, los demás comenzaban a murmurar sobre lo "grosera" que había sido.

Tal como Ingrid predijo, Camila rechazó el obsequio en cuanto reconoció la letra de Darío en la nota. Él se desanimó y, por supuesto, Ingrid no desaprovechó la oportunidad para mofarse:

—¿Ves? Eres un patético, un pobre diablo.

Pero Darío, en un acto de dignidad, decidió que un obsequio debía llegar a manos de la persona a la que fue destinado. Reuniendo el poco valor que le quedaba, decidió entregárselo en persona.

Fue entonces que Camila hizo algo inesperado.

—Oye, Raúl... sé que voy a sonar muy atrevida, pero necesito que me des un beso —dijo con pena, cerrando los ojos.

—¿Cómo dices? —preguntó él, atragantándose.

—¿No quieres besarme?

—¿Un beso en la mejilla... cierto?

—No, en los labios. ¿Quieres o no?

—¿Bromeas? No tienes ni idea de cuánto he esperado este momento.

—Bueno. El regalo que traían era de Darío y viene para acá. Pensé que podríamos espantarlo con un beso. Sé que dije que te daría el "sí" mañana, pero no creo que un beso ahora sea un problema, ¿o sí? —dijo, rodeando el cuello de Raúl con sus brazos. Un escalón le ayudaba con la diferencia de estatura.

—Ah, ¿me estás utilizando? -bromeó, rodeándole la cintura.

—Quizás un poco... Aunque este será mi primer beso, así que tendrá que ser uno sencillo, ¿ok?

—Me encanta ser yo quien te lo dé. Y más que sea en San Valentín —dijo Raúl con una sonrisa de oreja a oreja.

—A mí también me encanta que seas tú.

Darío se quedó pasmado. Pensaba que Camila aún no estaba con Raúl porque no lo quería lo suficiente y que eso le daba tiempo. Ingrid, por su parte, vivía uno de sus peores días. Frente a todos, Camila y Raúl se estaban besando. Todos los miraban. Y el beso... estaba superando las expectativas de ambos. Tal como en los libros que Camila había leído: el cosquilleo en el estómago, el corazón acelerado, la felicidad embriagante... Sí, este definitivamente era uno de los peores días para Darío e Ingrid.




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