Los demonios de Camila

Capítulo 18

Camila y Raúl habían ido al parque que estaba a unas cuadras de la escuela, después de pasar por una cafetería cercana a tomar algo caliente. Mientras terminaban sus bebidas, Raúl la observaba con una mezcla de curiosidad y nerviosismo, como si llevara rato queriendo preguntar algo, pero no supiera cómo.

Camila, que tenía el hábito de no hablar hasta terminar completamente sus alimentos, bebía con calma su chocolate. Cuando lo terminó, limpió las comisuras de sus labios con una servilleta y lo miró con una sonrisa paciente.

—Y dime, ¿qué es lo que quieres saber? -preguntó.

—¿Por qué preguntas? —replicó él, esquivando su mirada.

—Puedes preguntar lo que sea... tienes la misma cara que ponen mis hermanos cuando están por hacer una pregunta que mi mamá les prohibió.

Raúl suspiró.

—Estaba pensando... ¿por qué nunca has tenido novio? Digo, no es porque no tengas pretendientes.

—¿Y de qué pretendientes hablas exactamente? —preguntó, intrigada.

—¡Vamos! Hablo de Andrés y de Beto. A los dos les gustas. Y hasta sé que rechazaste varias veces a Beto.

—Ah, ellos... —respondía sin mucha expresión—. Andrés nunca ha mostrado que yo le guste. Todas sus novias han sido chicas hermosas y populares. Yo soy su amiga. Lo veo como a un hermano.

—Primero: tú eres hermosa. Y segundo: ¡qué tierno que creas que él te ve solo como amiga!

—¿Perdona? —Camila arqueó una ceja, en gesto de incredulidad.

—Nada, olvídalo.

—Vaya que eres prejuicioso. No todo el que es mujeriego ve a todas las mujeres como objeto.

—Él salta de relación en relación, Camila. No sé qué le ven. Pero te aseguro que está enamorado de ti.

Ella lo miró como si estuviera bromeando. Frunció el ceño.

—¿Me estás hablando en serio? Si eso fuera cierto, ¿por qué nunca me ha dicho nada? Es uno de los chicos más guapos, con un ego enorme. ¿Y dices que no ha sido capaz de hablar claro conmigo?

Raúl se encogió de hombros.

—Tal vez teme que lo rechaces. Quién sabe.

Camila comenzaba a irritarse. Tenía la sensación de que esto no era por celos amorosos, sino por la enemistad entre Raúl y Andrés. Y eso la ponía en alerta.

—Cambiemos de tema, ¿quieres? -dijo, rodando los ojos-. Y por si hace falta aclararlo: mi amistad con Andrés no es tema de discusión.

Lo miró con firmeza, con esa misma mirada con la que su madre la sacaba del fútbol cuando era niña. Estaba marcando un límite claro.

—Ok, ok, hablemos de otra cosa -cedió Raúl, cambiando el tono—. ¡Cuéntame sobre Beto!

Camila soltó una risa.

—¡Vaya! ¿Así que te gusta el chisme?

—El chisme real, no el malintencionado —aclaró, divertido.

—No hay mucho que contar. Me pedía que fuera su novia, a veces con show incluido, pero yo nunca le creí. Siempre iba con sus amigas, que se reían como locas. Nunca lo tomé en serio.

Raúl dudó unos segundos.

—Ya sé que dije que no soy chismoso, pero... ahora que lo mencionas, eso suena a sabotaje.

—¿Sabotaje? —repitió Camila, intrigada.

—Sí. A Beto sí le gustabas. Se le notaba. Pero Diana, que estaba enamorada de él, y otras chicas, te detestaban por ser amiga de Esmeralda y por llevarte bien con todos los chicos. Querían verte mal.

Y no olvides el capacitismo —pensó Camila—.

Por primera vez, varias piezas comenzaron a encajar en la mente de Camila.

—Ah, ¿entonces me estás convenciendo de que sea tu novia o la de Beto? —bromeó, divertida.

Raúl se rió con vergüenza.

—Solo digo la verdad... aunque admito que no debería hablar bien de mis rivales.

Camila se quedó pensativa. Era raro sentirse deseada. Pero por primera vez, también se sentía valorada por alguien que la escuchaba, la observaba y se preocupaba por comprenderla.




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