La primera clase rumbo al concurso había terminado. Había sido sencilla: una serie de ejercicios y ecuaciones para medir el conocimiento que Camila tenía acumulado. A Ray no le sorprendió que ella resolviera incluso problemas que no debía saber aún. Tan pronto como empezaron a guardar sus cosas, a Ray le surgió la preocupación: ¿cómo iba a regresar Camila a casa?
—Oye, Liza, ya sé que le dijiste a mi tía que todo está bajo control, pero necesito saber cómo vas a regresar.
—Ah, sí. No te preocupes. Raúl me va a llevar en transporte público.
—Claro… él —respondió, marcando el tono con desagrado.
Camila sacó su teléfono y empezó a escribirle a Raúl para acordar dónde se encontrarían.
—Supe que ya son novios —dijo Ray de pronto—. Me pareció raro que no se lo mencionaras a mi tía.
Eso la tomó desprevenida. Se atragantó con su propia saliva. Tosió. Ray la miró alarmado y comenzó a darle palmadas en la espalda mientras ella se golpeaba el pecho.
—¿Qué pasa, Camila? ¿Estás bien? Voy por la enfermera —dijo, preocupado.
—Espera, Ray, ya se me está pasando —respondió ella, recuperando el aliento.
Pasaron un par de minutos antes de que pudiera hablar con normalidad.
—¿Qué dije? ¿Fue algo malo? —bromeó Ray, aunque su tono era precavido.
—Ay, obvio no, bobo —respondió, aún un poco agitada—. Es solo que ya sabes cómo es mamá: anticuada y quisquillosa con eso de que tengamos novio.
Y era cierto. La mamá de Camila era estricta, protectora, de esas que creen que ninguna hija debe tener pareja hasta haber cumplido con todas sus “obligaciones”: buenas calificaciones, obediencia sin rechistar y “comportarse como una señorita decente”.
—Entonces… ¿piensas andar con él a escondidas? Porque si es así, te digo desde ya que no lo voy a permitir. De seguro fue idea de ese imbécil, ¿cierto? ¡Pero se las va a ver conmigo! —dijo, indignado.
—¿Te estás oyendo? No, Raymundo. No pretendo andar a escondidas, y si así fuera, ya es tarde: todos en la escuela lo saben, incluso gente que ni conozco. Lo que digo es que no voy a exponerme todavía a los prejuicios de nuestra familia. No voy a exponer a Raúl a los mismos prejuicios que tú mismo tienes hacia él. Lidiaré con mamá y con la familia cuando esté lista, no cuando tú o alguien más decida que es momento —respondió con firmeza.
—No quise decir eso, Camila… lo que yo…—decía antes de ser interrumpido.
—No te quito más tu tiempo —interrumpió, cerrando su mochila con brusquedad. Se dio la vuelta y salió del laboratorio.
Ray sabía que había cometido un error. Su cariño por Camila le nublaba el juicio. Siempre querría protegerla, defenderla, querer lo mejor para ella. Eso no iba a cambiar. Pero también sabía que, aunque sus intenciones fueran buenas, no tenía asegurado que Camila siguiera permitiéndole ser parte de su vida. Esa idea lo aterraba.
—No te vayas, Camila, por favor. Tenemos que hablar —le pidió, apurado por alcanzarla. Pero ella ya se había alejado con rapidez.
Tenía una clase que impartir. No podía dejarla. Se quedó quieto, mirándola avanzar, deseando poder hacer algo más que mirar.
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Editado: 21.03.2026