Siempre pensé que todo en esta vida era color rosa, que no existía el dolor ni la decepción, pero, como siempre estaba equivocada.
En este momento tengo un sabor amargo con mezcla de odio y desprecio, se preguntarán ¿odio y desprecio hacía quién? Es muy fácil saberlo quienes realmente me conocen saben que ese sentimiento lo tengo hacía las personas que me han lastimado, también querrán saber hacía quienes, eso será un secreto.
—Sabes Charlotte las personas se van, y te dejan sola remando en medio de aquel océano que está a punto de tragarte— ella solo me ve fijamente sin decir nada.
—Quisiera saber cómo se sienten y que piensan esas personas que me han dañado— es enserio lo que digo quisiera poder meterme en su negro corazón y en su mente retorcida para encontrar respuesta a lo que siempre me he preguntado.
Mi amiga sonríe con tristeza ella sabe todas las veces que he llorado y las muchísimas veces que he intentado matarme, ninguna me ha funcionado ¡vaya a saber Dios por qué! Vuelvo a ver a la nada tratando de encontrarle sentido a mi vida, pero simplemente mis demonios día a día se apoderan de mí y no me dejan vivir tranquila mucho menos en paz.
—Mmm ¡Ay Sarah! — exclama Lottie, así le digo de cariño, siento sus cálidos brazos alrededor de mis hombros —te he dicho muchas veces que dejes de pensar en esas personas que no supieron apreciarte. No envenenes tu corazón con tales pensamientos— pueda que tenga un poquito de razón.
Sé que mi amiga quisiera borrar todo lo malo de mi vida y de mi mente, pienso que es algo imposible que nunca lo vaya a lograr. Si tan solo supieran como me siento cada vez que veo a esas personas, no sé cómo es posible que sonrían cuando me hacen tanto daño, hay momentos en que los maldigo por haberse cruzado en mi camino arrebatándome lo que yo más amo.
Antes fui una niña risueña, alegre, feliz, vivía mi vida como si fuera el último día, viví así hasta los once años desde esa edad mi mundo se derrumbó, una y otra y otra persona me lastimaba sin ponerse a pensar el daño que me ocasionaba, sufría humillaciones de esa gente que se ponía enfrente enseñándome lo que era mío, veía etiquetas con apellidos que no eran familia, ¿por qué tuvo que ser así mi destino?
Todo empezó a ser un desastre, ya no rendí como debía de hacerlo. Mis pensamientos se perdían con cada herida que me causaban, ya no era yo misma era ese monstruo en el que me estaban convirtiendo.
Bienvenidos a la vida de Sarah Morrison Merrick.
***
¡No puede ser, otro día sin poder dormir! El medicamento ya no me está haciendo efecto, necesito siquiera poder cerrar mis ojos por unas cinco horas con eso bastaría. Me siento cansada y es que en efecto me veo así toda desastrosa. Unas semanas me hacen efecto las pastillas nada más luego tengo que batallar con el sueño todas las noches y madrugadas.
Hago un gran esfuerzo por levantarme quisiera quedarme en la cama por muchísimo tiempo más. Quiero estar en completo silencio o al menos escuchando la música que me gusta. No es que todo mundo me caiga mal pero honestamente preferiría que nadie viniera a mi casa, no quiero ver a las personas menos dirigirles la palabra o viceversa. Algunas personas me preguntan ¿Estás enferma? Como si realmente les importara, sé que solo lo hacen para burlarse de mí.
Me hablan de Dios que vaya a la Iglesia que necesito buscarlo, pero lo que no saben es que a él me lo presentaron chiquita, pero lo conocí en este tormento que vivo a diario. Si tan solo supieran cuantas veces he intentado orar en mi habitación y lejos de articular palabra alguna lo único que hago es llorar a mares.
Logro ponerme de pie, escucho a mi mamá hablarme desde el comedor que ya está listo el desayuno, —ya voy— creo que mi respuesta apenas es audible ya que ella vuelve a llamarme —te dije que ya voy— vuelvo a responder con más fuerza. Es aquí donde empieza la primera pelea del día ya que lo dije con un tono alto y ella piensa que le grité o estoy faltando el respeto al gritarle.
Masajeo mis cienes para calmarme, no quiero hacer de mi casa un campo de batalla, no me gusta discutir con mi madre, pero es que honestamente ella no entiende que la mayoría de las veces no quisiera ni hablar y por ende mis respuestas no se escuchan hasta donde ella está.
—Buen día, mami— la saludo sin ganas.
—Desayuna y te tomas tu medicamento— me dice de forma cortante. De cierta manera me siento culpable por no haber apresurado mas el paso y venir a tiempo.
Comemos en completo silencio, sabe muy bien que la depresión y la ansiedad están terminando conmigo, aunque pongo todo mi esfuerzo muchas veces no funciona. Así que de la nada empieza a conversar como si nada hubiera pasado, trato de seguir la conversación al mismo tiempo que finjo sonreír. Del desayuno ni hablemos no le siento sabor y es que debe estar rico, pero hoy mi paladar me esta jugando mal y no le siento sabor a nada.
Termino de desayunar, decido levantarme para tomar mi medicamento, sé muy que no amanecí bien por lo que debo tomarlo cuanto antes, son 3 pastillas las que debo tomar por la mañana que me mantienen sin poder mover un dedo. Empiezo a sentir como si tuviera el corazón muy acelerado y en el cuello, una sensación que ya la conozco, cuando de repente lagrimas brotan de mis ojos, siento que no puedo respirar, mi mamá se asusta como siempre de verme en ese estado, es que no es nada fácil ver a una hija luchar contra sus propios demonios internos.
#368 en Joven Adulto
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Editado: 06.03.2026