Los Demonios De Sarah

Capítulo 3

En total son 8 demonios y 5 espíritus con los que debo lidiar y hoy se los voy a presentar.

Demonio 1: Alastair – El de las maldiciones, es quien me maldice todo el tiempo.

Demonio 2: Azazel – El de la impureza, me pasa diciendo que soy impura.

Demonio 3: Belfegor – El demonio de mi apatía, y melancolía profunda.

Demonio 3: Efialtes – El demonio de mis pesadillas y que se me sienta en el pecho.

Demonio 4 Iblis – El demonio de mi desesperación.

Demonio 5: Kanashibari – El demonio de mi parálisis del sueño.

Demonio 6: Khmaoch Sângkât – El demonio que me presiona el pecho.

Demonio 7: Metus – El demonio de mi miedo.

Demonio 8: Panikos – El demonio de mi pánico.

Espíritu 1: Dolor.

Espíritu 2: Sufrimiento.

Espíritu 3: Angustia.

Espíritu 4: Pena.

Espíritu 5: Espíritu de pesadumbre – El que me ocasiona la depresión profunda.

Los demonios son unas sombras constantes en mi vida, me molestan dormida o despierta; mientras que los espíritus son como personas con las que puedo conversar, pero nadie más que yo los ve.

Por ejemplo, en este instante estoy en la cocina conversando con sufrimiento, por más que le pida que me deje en paz, dice que no puede y que siente tener que vivir en cada rincón de mi casa.

Masajeo mis sienes, veo pasar la sombra de quien creo es Khmaoch Sângkât porque inmediatamente empiezo a sentir como mi pecho se va oprimiendo y unas inmensas ganas de llorar, otra sombra, es Panikos e inmediatamente empieza mi pánico, empiezo a hiperventilar, trato de controlarme inhalando y exhalando, esta vez es muy fuerte, de nuevo otra sombra, es Iblis en tres, dos, uno comienza mi desesperación a hacerse más fuerte. Caigo de rodillas, lágrimas de nuevo, ya perdí la cuenta de cuantas veces lloro a diario. Así es como lucho contra mis demonios todos los días, a toda hora, en cualquier lugar, sin importar con quien este.

Una semana después

He tenido que pasar por tantas cosas dolorosas. Me ha tocado navegar en aguas turbias donde los tiburones me han querido devorar, sin embargo, aquí sigo, debe haber algún propósito, pero hasta el día de hoy no sé cual pueda ser.

No es fácil tener que tomar en todo el día alrededor de siete u ocho medicamentos para poder estar medio bien y aun así estando medicada tengo crisis como las de hace una semana atrás que me dejan mal.

Batallar con la mente es cosa seria, tengo que estar entretenida en algo para no darle cabida a malos pensamientos, de lo contrario ella juega conmigo y se hace aquella enredadera pensando esto y lo otro.

Es horrible cuando las personas a mi alrededor no me comprenden o piensan que estoy actuando y se ponen a decir cosas que solo lastiman, especialmente si son parte de la familia. Yo, que soy quien lo padece sabe que los días son difíciles para alguien con depresión y ansiedad, por eso la persona que esta sana y habla pura tontería no sabe la dimensión del daño que ocasiona solo con mover su hermosa boca.

No hay empatía con quienes sufrimos de esas dos enfermedades, no tienen una idea que tenemos una lucha interna contra nuestros demonios que diariamente nos agobian, muchas veces piensan que estamos locos porque vemos a personas, pero no lo son, a ellos se les llama espíritus y toman forma de un humano.

—Sarah— llama mi mamá desde el living.

Me hago la loca sé que quiere que salga porque vino su hermana. Para esa señora todas las demás son sus sobrinas favoritas menos yo, todas son bonitas excepto yo, los desprecios duelen.

Trato de dormir un rato, no dormí en toda la noche y madrugada, amanecí con los ojos bien abiertos, sin sueño, a pesar de tener un medicamento para dormir por las noches. Me duele la cabeza y siento náusea pienso que es por lo mismo.

Escucho como mamá entra a la habitación al darse cuenta que estoy con los ojos cerrados vuelve a cerrar.

—Se quedó dormida— le conversa a su hermana —los medicamentos la mantienen sedada— silencio.

—Entiendo— responde mi tía como mil años después.

No le importa si estoy bien o mal, siempre demuestra con su indiferencia que para ella no soy importante, lo que no sabe es que a mí me viene valiendo su vida.

Sin darme cuenta me quedo dormida, Efialtes no tarda en hacer presencia en mis sueños dándome las peores pesadillas, lucho por despertar como puedo lo hago, me doy cuenta que tengo taquicardia.

Me doy cuenta que al menos dormí dos horas. Hubiera querido seguir durmiendo, me da rabia que no me dejan en paz en ningún momento.

— ¡Malditos demonios! — grito con todas mis fuerzas.




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