Los días de ceniza y grafito

Capitulo 1

El mirador del campus estaba en la parte más alta de la colina, justo detrás del edificio de Humanidades. Desde ahí, la ciudad se desplegaba hacia el horizonte como una retícula perfecta de ladrillos, concreto y techos grises que el humo de los camiones de la tarde terminaba de apagar. Era un plano a escala real, limpio y predecible.

​Ahí estaban los tres, sentados en el borde de la barandilla de hierro oxidado, con las piernas colgando hacia el vacío mientras el aire fresco del atardecer les daba de frente.

​Cecilia tenía una carpeta sobre los muslos. Pasaba las páginas con la precisión de un relojero, subrayando con marcador amarillo los textos de Economía y Finanzas Públicas. A su lado, Teo intentaba doblar una hoja de papel para hacer un avión, usando una escuadra metálica para marcar los pliegues mientras balanceaba el cuerpo al ritmo de una canción que solo él escuchaba.

​En el extremo, Gina sostenía un cuaderno de dibujo rasgado por las esquinas. No miraba la ciudad con la calma de los otros dos. Sus ojos iban de los ángulos rectos de los edificios de la facultad a la mancha informe que formaban las copas de los árboles en el parque central, intentando atrapar esa diferencia en el papel con un trozo de grafito blando.

​—Si sigues apretando el lápiz así, vas a romper la hoja otra vez, Gina —dijo Cecilia sin levantar la vista de su texto—. Y la lámina de mañana no se entrega en papel roto.

​—Es que la luz de la tarde no cae en líneas rectas sobre los tejados, Ceci —respondió Gina, pasando el nudillo del pulgar sobre el papel para difuminar una sombra oscura que no terminaba de convencerla—. Miren hacia allá. La sombra de la torre del agua corta la calle en diagonal, pero en la clase de Diseño nos exigen trazar la fachada como si el sol estuviera siempre justo en el centro, a noventa grados. Es absurdo. Es falso.

​Teo lanzó el avión de papel hacia el abismo. El trozo de hoja planeó dos metros antes de ser atrapado por una corriente de aire y terminar aplastado contra un matorral de espinas.




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