Los doce días

Dedicatoria

DEDICATORIA

A los que cruzaron el mar con diecinueve años y una foto en el bolsillo.

A los que prometieron volver y no pudieron cumplirlo.

A los que volvieron, pero dejaron algo allá que nunca recuperaron del todo.

A las madres que esperaron en los puertos con los ojos puestos en el horizonte.

A las que recibieron una carta oficial un martes cualquiera, y ese martes partió su vida en dos.
A las que todavía guardan la ropa doblada, por si acaso.

A los padres que aprendieron a no nombrar un nombre en la mesa.

A los hermanos que crecieron en el silencio de una habitación vacía.

A los hijos que nacieron después y que llevan en la cara a alguien que nunca conocieron.

A los amores que no tuvieron tiempo.
A los que dijeron adiós sin saber que era un adiós.

A los que esperaron diez años, veinte, toda una vida, a alguien que ya no iba a volver por ningún camino.

A los que nunca pudieron decir "sí", frente a un altar.

A los que nunca vieron a sus hijos dar el primer paso, decir la primera palabra, graduarse,
enamorarse.

A los amores imposibles que florecieron en el lugar más inhóspito del mundo y que la guerra apagó antes de que pudieran tener nombre.

A los que quedaron en las islas.

Y a los que volvieron rotos y aprendieron igual, despacio, con trabajo, a seguir.

Esta historia es ficción.

Pero el dolor que la rodea es completamente real.

Y los que lo vivieron merecen que alguien los recuerde no solo en las fechas señaladas, sino en los martes comunes, en los inviernos sin viento, en los patios con limoneros y en los ríos que suenan de noche cuando todo lo demás calla.

Malvinas, 1982.
Nunca más la guerra.
Nunca más el olvido.

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