Los ecos del silencio

Capítulo 9

Kaysen.

Todos aprovechando sus fines de semanas de formas diferentes, unos alimentan el ocio, otros como Chris prefieren las fiestas, o también simplemente están esas personas que creen encontrar al amor de su vida y pasan los días como estos disfrutando de momentos que quizás no sean para siempre pero que perdurará siempre en sus recuerdos, y luego estoy yo que estoy reordenando mi departamento. Para liberarlo un poco de cosas que mi mente ya no desea recordar.

Cambio de sitio el sillón, quito la alfombra y pongo la que compré en oferta ayer. Muevo y muevo tratando de que se vea diferente, más mío. Acomodo los libros del pequeño estante de la sala de estar por colores. Entre esos veo el libro que extendió mi percepción referente a que debemos asumir nuestros actos sin buscar excusas, ni culpar a otros, decido agarrarlo y mi vista se queda en lo que hay detrás. Un pequeño cofrecito de gamuza color negro que tiene un pequeño detalle en plateado a los lados. La sensación de vacío me invade y de forma instintiva me llevó una mano al pecho, no le quito la vista. Ni lo tomo. Solo estoy allí observándolo, preguntándome ¿por qué no he desechado el recordatorio de mi ingenuidad?.

Me lo meto en el bolsillo y salgo. No se para donde, solo se que ya no soportaba el peso de estar en ese lugar que pasé de llamarlo nuestro a solo mío.

-Despierta-Siento que me sacuden-Kaysen es hora de irse-abro por completo los ojos para encontrarme con una cara familiar.

-¡Tayyyyy!- me abalanzo a abrazarla- ¿quieres tomar un trago conmigo?.

-No quiero y tu tampoco-dice quitándome el shot de tequila que tenía en la mano- vamos eres demasiado grande para cargarte, así que camina ¿si?.

Suelo ser bastante terco pero justo ahora no me siento yo. Me siento feliz y en disposición de hacer cualquier cosa, hasta de besarme con la primera chica que entre al bar. Observo y aparece una muy guapa pero más atrás viene un tipo que parece Boss de una mafia. No puedo evitar soltar una carcajada enorme.

-¿De qué te ríes? Pareces loco- tay me mira confundida pero con un atisbo de diversión- Siempre he pensado que borracho eres más divertido- me aparta- Vamos mi auto está en frente.

-Eres aburrida tay yo quería ahogar mis penas en ese tequila-hago puchero lo que la hace reír.

-Ahoga tus penas en tu casa.

-No quiero ir allá-un sentimiento que conozco mejor de lo que me gustaría hace opresión en mi pecho. Angustia. Ella de alguna forma lo nota así que no tiene problema en llevarme a su departamento.

-¡Llegamos!- me deja caer sobre el sofá- ¡Dios! Como pesas

Ella se sienta a mi lado y se queda observándome fijamente como si intentará descifrarme como siempre y debo estar muy borracho porque no me interesa que lo haga y por lo general lo odio. La miro y se que está esperando a que diga algo, estoy borracho pero no estúpido. Así que saco ese maldito cofre y lo dejo entre los dos.

-¿En serio tu… - alterna la mirada entre el anillo y yo- Desde cuando, es decir, tu decidiste, pues y todo se acabo, o sea ¿qué?- habla como si tuviera un nudo en la lengua y no se porqué su cara de incredulidad me causa la gracia del siglo.

Me río, mucho de hecho y poco a poco se va disipando, hasta el punto de que no siento más que decepción, de Grace, de mi, de como llegamos a esto.

-Lo compré tres meses antes de separarnos-hablo al fin- un día me desperté y sentí que quería que se quedara conmigo toda la vida así que le di un beso en la frente y salí- ella solo escucha atentamente, pero no quiero mirarla, no quiero ver la lástima en sus ojos- llegué a la joyería y apenas lo vi dije que ese tenía que ser así que lo compré y planee todo pero no le dije a nadie quería que fuera sorpresa, algo especial y la noche que lo iba a hacer llegué a casa y…- la voz se me quiebra, hago todo en mi para no llorar pero estar con alcohol en mi sistema me hace débil, entonces recuerdo porque prefiero no beber.

-Ven aquí- tay me abraza. Me tenso intentando aguantar- llora, libera lo que llevas meses reprimiendo, no te veo con lástima y no voy a juzgarte, nunca lo he hecho ¿recuerdas?- no aguanto más y lloro sin premura. No me contengo. Simplemente me aferro a ella y libero todo.

-Yo, tay yo…- digo entre sollozos. Pero la frase no me sale. Me siento patético.

-La amabas, lo se, y no eres patético, simplemente eres humano- no se como siempre logra ver a través de mi pero se lo agradezco más de lo que cree.

No se cuanto tiempo pasa pero me quedo profundamente dormido.

Una alarma me taladra la cabeza y me obliga a abrir los ojos, lo hago con dificultad ya que como es de imaginarse la cabeza está que me explota. Me percato de que otra vez estoy en casa de Taylor en cuando veo al gato siamés de ojos color cian observándome. Me lavando y voy directo a la cocina. Mi amiga ya está esperándome con desayuno y café.

-Te ves terrible.

-Y me siento exactamente igual a como me veo. Gracias por ir para allá- río levemente- por cierto ¿Cómo supiste donde estaba?.

-El bartender me llamó y resulta que soy uno de tus “contactos de emergencia”- hace un gesto con las manos para luego tomar asiento a mi lado.

-No puede ser, ahora no lo superaras nunca.

-Jamás- volvemos a reír- por suerte no llamó a Grace.

-Gracias al cielo la borré de allí- decir eso me hace recordar algo. Palpo mi bolsillo y lo noto vacío así que no le doy mucha importancia.

-No lo perdiste, está en la mesa.

Alzo la vista de golpe, la miro, luego volteo en dirección a donde me indica y efectivamente el cofre junto con el maldito anillo de compromiso están justo allí y al parecer mi secreto también quedó a simple vista.

-Así que al final si lo dije- suspiro resignado- con que ese fue el motivo de mi escenita de anoche ¿verdad?, no recordaba porque había sido.

-Si y no fue una escenita Kaysen, solo te quitaste esa restricción que tu mismo te habías puesto. ¿Sabes? no voy reclamarte pero detesto que siempre sientas que no tienes derecho a ser humano. Y no debe ser así…




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