Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Prólogo

Prólogo

“El segundo cuaderno”

La tinta apareció mientras dormía.

Damián no había tocado el cuaderno en semanas. Estaba guardado en el fondo del cajón, entre papeles viejos y recuerdos que prefería olvidar. La tapa seguía marcada por los rasguños de batallas pasadas, pero ya no brillaba. No desde la última vez que lo cerró, después de esa pelea final.

Sin embargo, esa madrugada, algo cambió.

Un leve resplandor azul emergió entre las rendijas del cajón. La madera crujió como si respirara. Y sin que nadie lo viera, la primera línea se escribió sola:

“Esto ya pasó. Y no terminó bien.”

Damián despertó con el corazón acelerado, sin saber por qué. Caminó hasta el escritorio y sintió el calor detrás del tirador. Cuando abrió el cajón, el cuaderno estaba allí…

Abierto.

Esperándolo.

Con su propia letra escrita en cada página nueva.

Pero no recordaba haber escrito nada de eso.

Le temblaron las manos al pasar las hojas. Una frase le cortó el aliento:

“Perdimos a Tomás.”

Cerró el cuaderno de golpe, pero las palabras ya se le habían metido en la sangre.

Una pregunta ardía en su cabeza:

¿y si el futuro podía cambiarse?

¿Y si esa nueva llama azul, dormida hasta ahora, estaba despertando para avisarles algo?

Damián se quedó quieto frente a la ventana.

En el cielo, una estrella fugaz cruzó en silencio.

La misma que había visto aquella vez… antes de que todo comenzara.

En algún lugar lejano, en otra línea del tiempo, una figura observa el fuego apagarse.

—Esta vez —susurra—, no lo arruines.




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