Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 6 “Sombras en los márgenes”

—Nunca escuché ese nombre —dijo Tomás, mientras tecleaba “Umbra” en el buscador de su celular.

—Tampoco es latín puro —agregó Emilia, hojeando un viejo diccionario etimológico que había encontrado en la biblioteca de su padre—. Aunque umbra significa sombra… hay algo raro en cómo se presenta.

Estaban en el galpón, su refugio. El cuaderno estaba sobre la mesa, abierto, pero ya no escribía nada. Como si les hubiera dado la palabra clave y ahora solo observara.

—Tal vez no es una persona —dijo Damián, sentado con las piernas cruzadas sobre un colchón—. Tal vez es un lugar. O algo más grande.

Tomás refunfuñó.

—¿Un país maldito? ¿Una dimensión rota? ¿Un código secreto?

—¿Y si es todo eso junto?

Emilia giró el cuaderno. En una de las esquinas, en tinta apenas perceptible, había una inscripción: “Umbra: custodia del segundo eco”.

—¿Segundo eco? —preguntó Tomás.

—Si nosotros somos los elegidos del primer despertar… —susurró Damián—, quizás haya un segundo grupo. O una segunda ola.

Se miraron. Las posibilidades dolían.

**

Esa tarde, Emilia se acercó a su padre.

No directamente.

Lo hizo como ella sabía hacerlo: con cautela.

—Papá, ¿alguna vez escuchaste hablar de Umbra?

Su padre, que estaba encuadernando unos papeles en el escritorio, se quedó congelado por un segundo. Mínimo. Pero suficiente para notarlo.

—¿Dónde lo escuchaste?

—Es para una tarea. Algo sobre mitos urbanos.

Él asintió despacio. Sus manos seguían encuadernando, pero su mente ya no estaba allí.

—Umbra fue el nombre de un proyecto… antiguo. Algo experimental. Se hablaba en círculos reducidos. Algunos lo vinculaban con… realidades cruzadas. Gente que soñaba el mismo lugar sin conocerse. Personas con memorias que no les pertenecían.

Emilia fingió que anotaba. En realidad, ya lo había grabado todo en su mente.

—¿Y sigue existiendo?

—Nadie lo sabe. Pero si ese nombre volvió… —hizo una pausa, levantó la mirada y la clavó en la de su hija— entonces no estás leyendo una leyenda.

**

Esa noche, Emilia compartió todo con Damián y Tomás. El cuaderno volvió a iluminarse. Y en una nueva página, apareció una sola frase:

“Umbra no es un lugar. Es una fisura. Y ya comenzó a abrirse.”

**

Y en un rincón del mundo —uno donde el tiempo se dobla y la oscuridad tiene forma— una figura encapuchada caminó descalza entre ruinas.

A su paso, todo se volvía ceniza.

Y sus ojos brillaban con el mismo fuego azul que Damián llevaba en su interior.




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