Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 10 “Vínculos bajo la misma grieta”

Al principio, fue solo un grupo de mensajes.

Un número de celular compartido en voz baja, una videollamada a medianoche. Fragmentados dispersos en distintas partes de la ciudad —y más allá— que empezaban a entender que no estaban solos.

Damián, Emilia y Tomás decidieron llamarlo el Círculo.

—No es una organización —aclaró Emilia mientras marcaba en un mapa los primeros seis puntos de conexión—. Es una red emocional. De confianza. Y eso es más difícil de mantener que cualquier jerarquía.

—Pero más fuerte cuando se logra —dijo Damián, pensativo.

Mara fue la primera en unirse. Luego llegaron Lautaro, con su habilidad para escuchar pensamientos en frecuencias de radio; Sofía, quien podía alterar la percepción del tiempo en pequeños espacios; y Nina, una niña de once años que hablaba con seres que los demás no podían ver… pero que claramente estaban ahí.

—¿Y cómo los conectamos? —preguntó Tomás—. No podemos exponerlos por redes abiertas. La fisura… o lo que sea que nos observa, también debe estar escuchando.

Damián pensó un momento, luego sacó el cuaderno. Lo colocó en el centro de la mesa.

—Dejemos que él decida.

**

Esa noche, mientras dormía, Damián soñó con hilos de luz que salían del cuaderno como raíces. Se extendían en todas direcciones, conectando habitaciones oscuras donde otros Fragmentados esperaban en silencio. Al despertar, encontró una nueva página escrita:

“Cada Fragmentado es un eco. Pero juntos, pueden convertirse en un coro.”

**

Los días siguientes fueron extraños y esperanzadores a la vez. Se organizaron encuentros breves en sitios seguros: azoteas, plazas vacías, galpones abandonados. Los Fragmentados compartían sus historias, temores, y lo que habían sentido antes del despertar.

—Todos describen lo mismo —dijo Emilia en uno de esos encuentros—: un momento de ruptura emocional o física… seguido por una visión. O una voz. O una sensación de estar cayendo… hacia adentro.

—¿Y Umbra? —preguntó Lautaro—. ¿Es un enemigo… o un lugar donde terminamos cuando ya no podemos sostenernos?

—Todavía no lo sabemos —respondió Tomás—. Pero sabemos que se está abriendo. Y nos quiere separados.

**

No todos confiaban de inmediato. Algunos Fragmentados preferían mantenerse al margen, observar desde lejos. Pero otros comenzaron a colaborar. Una chica llamada Abril, que veía las emociones como colores flotantes, detectó un punto de energía anómalo cerca del cementerio viejo.

El cuaderno confirmó su sospecha con una frase breve:

“Una grieta menor. Un susurro de Umbra.”

**

Y mientras ellos tejían sus lazos, algo —alguien— también lo hacía del otro lado.

Severo, sentado frente a su propio cuaderno, observaba los nombres de los nuevos Fragmentados dibujarse solos en tinta negra. Uno a uno.

Sonrió.

—Cuanto más se unan… más dolorosa será la ruptura.




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