Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 12 “El Guardián del Ciclo Anterior”

El cuaderno no escribió nada por días.

Ni una sola línea, ni un eco de energía.

Solo silencio.

Como si también necesitara respirar.

—Nos está diciendo algo —insistió Damián—. El silencio también es una respuesta. Nos está pidiendo que escuchemos de otro modo.

Fue Emilia quien encontró la pista. En un viejo artículo de archivo digital, oculto dentro del sitio web de una biblioteca universitaria ya clausurada, halló un nombre que se repetía en tres incidentes vinculados a “Fenómenos de alteración estructural de la realidad” en los años 80 y 90.

“Gaspar Yamil. Investigador. Testigo. Superviviente.”

—¿Y si no es un simple testigo? —preguntó Emilia—. ¿Y si fue uno de nosotros?

**

Tras dos días de viaje en tren hacia el norte y un desvío en colectivo hacia un pequeño pueblo sin nombre en los mapas modernos, llegaron a una antigua estación abandonada donde la vegetación lo reclamaba todo.

Allí, en una casa hecha de piedra y madera ennegrecida, vivía un hombre de cabello blanco y mirada intacta.

Gaspar los esperó sin sorpresa.

—Han cerrado la primera grieta, ¿verdad?

Los chicos se miraron.

—¿Cómo lo sabe?

Gaspar levantó la manga de su camisa. Una cicatriz azul recorría su antebrazo como una raíz seca.

—Porque yo lo hice también. Hace treinta y cuatro años. Pero no pudimos cerrarlas todas. No éramos lo suficientemente… uno.

**

Gaspar les habló de los Ciclos.

—Umbra no solo es una entidad. Es un impulso. Un error del tejido del mundo que se filtra cada cierta cantidad de generaciones… buscando ocupar los huecos emocionales de la humanidad. Aquellos que sentimos más profundamente, que no encajamos del todo, somos su camino… y su resistencia.

—¿Entonces esto ya pasó? —preguntó Tomás.

—Pasó. Pero esta vez… se está acelerando.

—¿Y cómo lo detenemos? —inquirió Damián.

Gaspar se puso serio.

—Primero deben entender que no basta con ser Fragmentados. Deben ser sincronizados. Si sus energías no resuenan juntas, las grietas mayores los romperán desde dentro.

**

Los días siguientes fueron de entrenamiento. Gaspar no les enseñó a usar sus dones, sino a contenerlos, a alinearlos, a sentir al otro sin hablar. A detectar los puntos donde Umbra podría filtrarse emocionalmente. Les habló de los Fragmentados que no lograron unirse. De los que se corrompieron. De los que todavía están allí… en Umbra.

—¿Podemos traerlos de vuelta? —preguntó Emilia.

Gaspar los miró.

—No todos. Pero uno… sí.

**

Una noche, el cuaderno volvió a escribir:

“El primero que cayó.

Aquel que olvidó su nombre.

Aquel que fue hermano.”

—¿Qué significa eso? —preguntó Tomás.

Gaspar cerró los ojos, y por primera vez, pareció dolerle el recuerdo.

—Significa que antes de ustedes, yo también fui parte de un trío.

Y el primero en caer… fue mi mejor amigo.

El que llamábamos El Portador del Silencio.

**

Y ahora, era tiempo de encontrarlo.

O detenerlo.




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