Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 13 “El Portador del Silencio”

Gaspar no quiso dar su nombre.

—No se lo digan —advirtió—. Si lo recuerdan… él podría oírlos.

Lo llamaban así: el Portador del Silencio.

Era el primero que cayó.

Y si aún vivía, no era del todo humano.

—Se refugió en las Cavernas del Eco —dijo Gaspar—. Un sistema de cuevas que nadie cartografía desde hace décadas. Umbra lo eligió como un espejo. Si quieren encontrarlo, deberán descender… y no perderse en su reflejo.

**

El grupo partió al amanecer.

La entrada a las cavernas se encontraba más allá de un bosque seco, donde los árboles parecían inclinarse hacia el suelo, como si algo invisible pesara sobre ellos. La cueva principal estaba oculta detrás de una caída de agua tan delgada que parecía una cortina de hilos de cristal.

Al cruzarla, la oscuridad fue inmediata.

—¿Luces? —preguntó Tomás.

—No —dijo Damián—. Él vive en silencio. Y el silencio no tiene luz.

Emilia encendió una pequeña esfera de energía blanca, lo justo para no cegarlos. Los ecos comenzaron al instante: pasos que no eran suyos, respiraciones demasiado profundas, susurros sin lengua.

Cada uno sentía algo distinto.

Tomás sentía a su madre, diciéndole que no estaba hecho para proteger a nadie.

Emilia oía los llantos de un niño enfermo que no pudo salvar.

Y Damián… escuchaba su propia voz. Gritando.

—No son recuerdos —dijo—. Son fragmentos manipulados. No debemos creerles.

**

La primera prueba fue emocional.

Llegaron a una sala natural de piedra en forma de domo. En el centro, un espejo sin marco flotaba suspendido. Uno por uno, se acercaron… y vieron algo distinto.

Tomás vio su cuerpo destruido, incapaz de defender a los demás.

Emilia vio sus manos vacías, manchadas de sangre.

Damián no se vio. Solo vio… nada.

—Soy el único que no tiene reflejo.

—Eso es porque no estás perdido —susurró Emilia—. Eres el que está buscando.

Al tocar el espejo, se abrió un pasaje.

**

Más abajo, comenzaron a encontrar rastros: grafitis antiguos en las paredes (“El fuego no basta”, “Silencio me protege”), símbolos de Fragmentados tachados, y un cuaderno quemado, como el de ”amián, pero en cenizas.

—Fue uno de los primeros intentos —dijo Emilia—. No resistió.

**

Finalmente, llegaron a una caverna más amplia, con estalactitas que goteaban lentamente sobre un círculo de piedra. Allí estaba él.

Sentado.

De espaldas.

Sin moverse.

El Portador del Silencio.

Cabello largo, blanco.

Ropas negras.

Y una energía densa que los aplastaba sin tocar.

—No nos atacó —susurró Tomás—. ¿Será… él todavía?

Damián dio un paso adelante.

—No venimos a pelear.

Y entonces, el hombre habló… sin abrir la boca.

Sus pensamientos vibraron en el aire como un eco mental.

“¿Quién fue el que no olvidó?”

Damián tragó saliva.

—Gaspar. Él no te olvidó.

Un silencio largo… como un juicio.

“Gaspar… vive.”

—Sí. Y quiere ayudarte.

Silencio.

Un susurro vibró en las paredes, como un temblor.

“Si yo regreso… algo más lo hará conmigo.”

**

Y entonces, por primera vez, el Portador se volvió.

Y sus ojos… ya no eran humanos.

Pero en lo más profundo, aún había un rastro.

De amistad.

De fe.

De lo que fue.

Damián extendió la mano.

—No estás solo. Nosotros tampoco lo estamos.

El Portador del Silencio bajó la mirada.

“Entonces… no moriré siendo eco.”




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