El lugar elegido no fue casualidad.
Una antigua estación de tren abandonada, rodeada de árboles secos y caminos olvidados, donde los mapas no sabían llegar.
Gaspar la llamó “Punto Cero”.
—Aquí comenzó todo en el ciclo anterior. Y aquí, quizás, podamos evitar que vuelva a suceder.
**
Damián se sentó en una de las plataformas de piedra mientras observaba a los demás Fragmentados llegar, uno a uno, desde distintas regiones.
Catorce al inicio.
Veintitrés para el mediodía.
Treinta y uno al caer la tarde.
—No pensé que éramos tantos —murmuró Emilia.
—Muchos aún no saben que lo son —agregó Tomás—. Y otros… eligieron no venir.
—O no pueden —completó Damián, sabiendo que algunos, como el Portador, apenas sostenían su identidad tras años de lucha interna.
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La estación se convirtió en un anfiteatro improvisado.
Fragmentados jóvenes y viejos.
Algunos con cicatrices visibles. Otros con las invisibles.
Todos diferentes… y sin embargo, unidos por el mismo fuego azul en sus memorias.
Gaspar se puso de pie. A su lado, el Portador del Silencio.
—Bienvenidos —dijo Gaspar—. Sé que muchos vinieron con dudas. Otros con miedo. Pero todos están aquí por una razón: porque han sentido a Umbra… dentro o fuera. Y saben que esto no es solo nuestro. Afecta al mundo.
Una chica de cabello blanco se levantó.
—¿Por qué ahora? ¿Por qué se activan las grietas otra vez?
El Portador habló sin hablar:
“Porque esta generación siente más que ninguna otra. Y Umbra se alimenta de lo que no se dice.”
Se hizo un silencio.
Y entonces, alguien preguntó:
—¿Y qué se supone que debemos hacer?
Damián se puso de pie.
—Unirnos.
Lo miraron.
—Cada uno de nosotros tiene un don, sí. Pero aislados… no somos más que grietas abiertas. Si logramos sincronizar nuestros fragmentos, como hicimos en las grietas menores, quizás podamos resistir lo que se viene. Pero primero… tenemos que conocernos.
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Y así comenzó algo nuevo.
Durante las horas siguientes, compartieron visiones, cicatrices, historias.
Una red comenzó a formarse.
Cada uno aportó lo que sabía.
Uno tenía mapas de zonas donde Umbra se manifestaba.
Otra hablaba con los sueños de los recién despertados.
Uno más podía detectar a los Fragmentados aún dormidos.
Y entonces Emilia propuso:
—No seamos solo un grupo. Seamos un vínculo.
Una red viva. Que actúe en conjunto, pero piense con libertad.
—Una alianza —añadió Tomás—. Como el fuego azul… fragmentado, pero parte de una sola llama.
Damián miró a todos.
—Y que esa llama tenga un solo propósito: cerrar las grietas. Todas.
**
Esa noche, el cuaderno de Damián brilló con fuerza.
Tanto que todos los presentes lo vieron.
Y escribió:
“La resistencia ha nacido.”
Pero debajo, una segunda línea apareció lentamente… como una advertencia.
“Y con ella, la furia de Umbra.”
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Editado: 23.08.2026