Todo comenzó con un mensaje de Abril.
Ø “Mi madre no me reconoce.”
Al principio pensaron que era una metáfora, un distanciamiento familiar como tantos otros. Pero luego llegaron más.
Ø “Mi hermano cree que tiene 8 años… pero tiene 17.”
“Un hombre en la plaza lloraba porque no sabía cómo se llamaba.”
“Mis cuadernos están en blanco, y yo los escribí.”
En menos de una semana, una ola de amnesia selectiva comenzó a recorrer una ciudad costera llamada San Ylien, donde al menos diez Fragmentados vivían o habían pasado recientemente.
—No puede ser casualidad —dijo Emilia—. Umbra está probando otra forma de ataque.
—No de ataque —murmuró Damián, sintiendo un cosquilleo en la frente—. De borrado.
**
La red decidió enviar a Damián, Emilia, Tomás y una Fragmentada nueva llamada Lía, capaz de detectar alteraciones temporales en el entorno.
Al llegar a San Ylien, lo notaron de inmediato.
Carteles descoloridos.
Calles con nombres tachados.
Niños sin saber el nombre de su escuela.
Padres que olvidaban recoger a sus hijos.
Era como si la ciudad estuviera… descomponiéndose desde la memoria.
—Esto no es como las otras grietas —dijo Tomás—. No hay sombras. No hay fisuras físicas.
—No —dijo Lía, cerrando los ojos—. Pero hay un centro de olvido. Un corazón hueco que late en silencio.
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Siguieron su instinto… y el de Lía.
Llegaron a una biblioteca pública clausurada desde hacía años. Adentro, los estantes estaban vacíos. Pero las paredes estaban cubiertas de notas, dibujos, fragmentos de cartas y fotos rotas.
Como si alguien —o muchos— hubieran intentado reconstruir sus recuerdos.
—Este lugar… no olvida —susurró Emilia, tocando una fotografía quemada.
El cuaderno de Damián vibró.
Ø “Aquí comenzó la grieta. Y aquí puede cerrarse.
Pero deben recordar… algo que nunca vivieron.”
—¿Qué significa eso? —preguntó Lía, tensa.
Damián levantó la vista.
—Significa que esta grieta no se cierra con fuerza. Se cierra con memoria compartida.
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Pasaron esa noche entrevistando a los vecinos. Escuchando historias inconexas. Uniendo pedazos de vidas. Emilia curó pequeñas heridas emocionales con su tacto. Tomás dibujó mapas de conexiones entre recuerdos perdidos. Lía activó su poder y permitió que muchas personas recordaran escenas clave solo con verla.
Y Damián… usó su telepatía para conectar memorias inconscientes, creando una red mental temporal entre desconocidos.
Cuando finalmente todos en la biblioteca recordaron una misma historia —la de un incendio en la escuela local que nadie creía real pero que todos sentían haber vivido—, la grieta vibró.
Y el cuaderno escribió:
Ø “El olvido fue vencido por la comunión.”
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Al día siguiente, la ciudad parecía más clara.
Los nombres volvían.
Los rostros se reconocían.
Y en una de las paredes, donde antes había un hueco negro, apareció pintado a mano:
“Recordamos. Porque somos uno.”
**
De regreso al Punto Cero, Gaspar los recibió con preocupación.
—Esto cambia todo. Umbra no solo quiere invadir. Quiere borrar el terreno antes de pisarlo.
El Portador del Silencio habló por primera vez en días:
“La próxima grieta… no será en la ciudad.
Será en ustedes.”
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Editado: 23.08.2026