Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 17 “El Eco del Guerrero”

Tomás despertó antes que los demás.

Había soñado con fuego. No el fuego azul, sino uno rojo, seco, cruel.

Y voces… muchas voces, pero ninguna reconocible.

Le hablaban de decisiones no tomadas. De caminos no elegidos.

—¿Otra vez soñando fuerte? —preguntó Emilia al verlo perdido frente al desayuno.

—Estoy bien —respondió Tomás, sin mirar.

Mentía.

**

Los días siguientes, algo cambió.

Reaccionaba más rápido. Más violento.

Entrenaba solo, se alejaba del grupo en reuniones.

El Portador del Silencio se lo quedó mirando largo rato una tarde. Cuando Damián le preguntó si notaba algo raro, respondió:

“No está siendo él. Pero tampoco está poseído. Está… dividido.”

**

Todo estalló durante una sesión de sincronización de energía.

Emilia intentaba establecer un canal compartido para una misión futura. Tomás se negó.

—No quiero conectar. No ahora.

—¿Por qué no? —insistió Emilia—. Hemos entrenado esto mil veces.

—Porque no confío en lo que pueda salir de ahí —dijo él, bajando el tono—. No me gusta lo que escucho cuando estoy en sincronía.

—¿Y qué escuchás, Tomás?

—¡A vos! A vos dudando de mí. A vos tratando de dirigir todo como si fuéramos soldados tuyos.

—¡Eso no es verdad! —respondió Emilia, herida.

—No lo sabés porque no sentís como yo. Nunca lo hiciste.

La tensión creció.

—¿Vos te estás escuchando? —preguntó Emilia—. No sos vos.

—¿Y si lo soy? —Tomás dio un paso atrás—. ¿Y si esto es lo que siempre fui, y ustedes solo me ataron para no ver lo que realmente podía hacer?

El silencio fue mortal.

—Me voy.

—No —dijo Damián, acercándose—. No podés tomar esta decisión solo.

—Claro que puedo —replicó Tomás—. Porque estoy harto de no ser más que un muro que ustedes empujan para salvarse.

Y sin mirar atrás… se fue.

**

Esa noche, el cuaderno de Damián escribió una sola línea:

Ø “La grieta no siempre se abre afuera.

A veces… sangra por dentro.”

**

Muy lejos, en un rincón de la región, Tomás caminó sin rumbo.

Las voces volvían. Pero no eran recuerdos suyos.

Eran de otro Tomás.

De otra línea temporal.

De otro ciclo.

Ø *“En otra vida, lo dejaste morir.”

“En otra vida, mataste por lealtad.”

“¿Y si esta no es diferente?”

Y en una colina, alguien lo esperaba.

No con sombras.

No con poder.

Solo con comprensión.

—Sabía que vendrías —dijo una voz.

Era Selar.

—Porque a veces, la ruptura… es la única forma de volver a nacer.




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