Los Elegidos: ecos del cuaderno perdido

Capítulo 18 “Cuando Falta una Pieza”

Nadie dijo nada la mañana siguiente.

Tomás no estaba.

Sus cosas seguían en su lugar.

La funda de su espada descansaba junto a la cama.

Su taza de entrenamiento estaba sobre la mesa.

Pero él… no.

—Se fue —dijo Emilia, simplemente—. Como si todo lo que vivimos no hubiera sido suficiente.

—No creo que se haya ido por eso —respondió Damián, mirando el cuaderno que no escribía desde la noche anterior—. Creo que algo lo está empujando… desde dentro.

—¿Y lo vamos a dejar? —preguntó Lía.

Gaspar entró en la sala con una expresión tensa.

—No podemos buscarlo. No aún.

—¿Por qué? —preguntó Emilia, con la rabia temblándole en la voz.

—Porque hay una grieta activa… y está reaccionando a su falta.

**

En las afueras de una ciudad vecina, algo había comenzado a manifestarse.

Una grieta menor, dijeron al principio. Pero no era así.

Era una grieta desequilibrada, inestable, como si estuviera tratando de absorber la energía que faltaba.

—Es como un espejo roto —explicó Lía mientras se acercaban—. Refleja lo que falta. No lo que está.

Y al llegar, lo vieron.

Un barrio entero estaba… apagado.

No destruido. No abandonado.

Simplemente sin movimiento.

Las personas caminaban como en pausa. Sus rostros eran inexpresivos.

Como si no supieran qué sentir.

—Esto… —murmuró Emilia— esto es lo que pasa cuando falta alguien esencial.

Damián tocó la pared de una casa vacía. Vio una visión:

Ø Una niña en bicicleta que pedaleaba… y de pronto se detenía.

Miraba alrededor, confundida. Como si hubiese olvidado a quién debía saludar.

El aire mismo era olvido emocional. Desconexión.

**

—Tenemos que cerrar esto ya —dijo Emilia, avanzando.

—¿Y si no podemos? —preguntó Damián.

—Podemos —dijo ella—. Porque aunque él se haya ido… nosotros seguimos aquí.

**

Con la ayuda de la red, comenzaron a formar un canal colectivo de energía emocional.

Los Fragmentados presentes compartieron memorias con Tomás:

Sus risas. Sus batallas. Sus dudas. Sus triunfos.

Y entonces, por primera vez desde su partida…

Algo respondió.

Una chispa.

Una vibración.

Como si el propio Tomás, en algún lugar, sintiera que lo estaban nombrando.

El cuaderno de Damián vibró.

Ø “La grieta siente el eco.

Pero el fragmento aún no vuelve.”

**

A lo lejos, la grieta se cerró lentamente.

Las personas volvieron a moverse.

Las expresiones volvieron a los rostros.

—No lo recuperamos —dijo Damián, agotado—. Pero recuperamos lo que su ausencia nos quitó.

Emilia lo miró, cansada pero firme.

—Y eso… es el primer paso.

**

Esa noche, mientras los demás dormían, Damián se quedó mirando el cielo.

Y una frase surgió en el cuaderno, sin previo aviso:

Ø “Tomás aún ve. Pero no con tus ojos.”

Y debajo, como una pregunta no escrita:

¿Qué estás dispuesto a hacer para traerlo de vuelta?




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