El día en la escuela fue lento y denso.
Damián intentó evitar las miradas directas. Tomás contuvo cada movimiento. Emilia mantuvo la vista en los libros.
Hasta que un pequeño accidente cambió todo.
Un chico menor tropezó con una estantería en la biblioteca. Varios libros cayeron al piso con un golpe seco. Emilia se agachó para ayudar… y uno se abrió solo.
Las páginas estaban viejas, amarillentas.
Pero en el centro, en tinta aún fresca, había un símbolo dibujado: el mismo que habían visto en la cámara del árbol.
—No puede ser —susurró Emilia, llamando a los chicos de inmediato.
Se acercaron, miraron el símbolo, y debajo, un título casi borrado:
"Los Puros del Umbral: leyendas y casos no registrados del siglo XX"
—Esto estaba escondido —dijo Damián—. Este libro no estaba en catálogo.
—¿Cómo lo sabés?
—Porque lo busqué, antes. Con ese símbolo. No aparecía.
En ese momento, alguien carraspeó detrás de ellos.
Una mujer de edad indefinida, delgada y de mirada serena.
Era la bibliotecaria. Nunca la habían notado antes.
Nombre en el gafete: Señora Olmos.
—Ese libro no se presta —dijo con calma—. Pero pueden leerlo aquí, si saben lo que buscan.
Se miraron, sorprendidos.
—¿Usted lo conoce?
—Conozco muchas cosas que no están en los registros oficiales —respondió ella, y les hizo una seña para que se sentaran.
Abrieron el libro.
Páginas escritas a máquina. Dibujos a mano. Recortes pegados con cinta ya seca.
En uno de los capítulos, leyeron:
“En ciertas regiones del mundo, algunos individuos jóvenes han despertado dones tras entrar en contacto con lo que antiguos manuscritos llaman Nodos. Estos lugares, invisibles al ojo común, abren la percepción y reactivan capacidades dormidas. Los afectados muestran telepatía, fuerza desproporcionada, sanación acelerada, y cambios sensoriales…”
Tomás tragó saliva.
Emilia puso una mano sobre la hoja.
Damián no pudo dejar de leer:
“Pero todo don tiene un reflejo. Y donde hay Nodos activos… también hay entidades que los protegen. O los corrompen.”
—¿Esto es real? —preguntó Emilia.
La Señora Olmos entrecerró los ojos.
—La historia no siempre entra en los programas escolares.
Pero algunos alumnos, los menos… están destinados a leer entre líneas.
Se levantó y se alejó, dejándolos solos.
Antes de irse, murmuró:
—No confíen en los adultos que siempre tienen respuestas. Busquen a los que todavía hacen preguntas.
Cuando se fueron de la biblioteca, cada uno sentía un temblor leve en el pecho.
Había más como ellos.
Y lo que habían tocado… no era nuevo.
Era ancestral.
Pero esa noche, al abrir el cuaderno, Damián encontró una nueva frase escrita:
“El Nexo ha sido activado. Ellos ya saben que ustedes recuerdan.”
Y debajo, por primera vez, un símbolo diferente.
Una espiral con tres ojos abiertos.
Alguien más estaba escribiendo con él.
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Editado: 16.01.2026