Esa noche, Damián no pudo dormir.
Tenía el cuaderno sobre su pecho, como si pudiera sentir calor desde sus páginas.
La frase seguía ahí:
“El Nexo ha sido activado. Ellos ya saben que ustedes recuerdan.”
Y el símbolo nuevo, esa espiral con ojos, lo miraba. No podía ser solo una ilustración.
Lo sentía vivo.
Tomó un bolígrafo. Dudó.
Luego escribió:
—¿Quién sos?
La tinta secó. Nada.
Suspiró, apoyó la cabeza en la almohada.
Y entonces… la tinta empezó a cambiar sola.
No se agregaron letras. Las suyas se movieron.
“¿Quién soy?”
“¿O quién sos vos?”
Damián se incorporó de golpe.
La letra era igual a la suya, pero deformada. Como si alguien copiara su trazo con una mano temblorosa.
Escribió:
—Soy Damián. ¿Me estás hablando desde el cuaderno?
La respuesta apareció casi al instante:
“El cuaderno es solo la piel. La voz viaja por dentro.”
—¿Qué querés?
“Lo mismo que vos: respuestas.”
—¿Por qué a mí?
“Porque vos escuchás. Porque vos no cerraste las puertas.”
—¿Qué puertas?
“Las del sueño. Las del dolor. Las que todos cierran para sobrevivir.”
—¿Sos una persona?
“Lo fui.”
Silencio. Solo la tinta seca.
—¿Cómo te llamás?
Pasaron segundos largos.
“Mi nombre fue Anuar.”
Damián sintió un escalofrío. El nombre le sonaba… cercano, como si lo hubiera soñado.
—¿Qué fuiste?
“Uno como vos. Uno que abrió el Nodo. Pero no estábamos preparados. Pagamos caro.”
—¿Quiénes?
“Los Fragmentados.”
Damián tragó saliva.
Emilia, Tomás y él… también se estaban fragmentando. Lo sentía.
—¿Estás vivo?
“No en el sentido que conocés. Pero todavía existo. Todavía puedo advertir.”
—¿Advertir qué?
La tinta se detuvo. Un largo espacio en blanco.
Luego, dos palabras aparecieron en el centro de la página, como una sentencia:
“Vienen por ustedes.”
A la mañana siguiente, Damián le mostró el cuaderno a Emilia y Tomás.
Las palabras seguían ahí.
No se habían borrado.
Tomás frunció el ceño.
—¿Y si es una trampa? ¿Si algo te manipula?
—Puede ser —dijo Damián—. Pero no se siente así. Es como… como si hablara con una parte vieja de mí. O de todos nosotros.
Emilia no decía nada. Pero miraba el cuaderno como si también reconociera algo.
Algo que no estaba en su memoria, pero sí en su sangre.
Entonces, ella señaló una página en blanco.
—Escribí: “¿Qué quieren de nosotros?”
Damián obedeció.
Las letras negras tardaron en aparecer. Pero cuando lo hicieron, temblaban:
“No quieren lo que son.
Quieren lo que pueden llegar a ser.”
#662 en Fantasía
#118 en Magia
magia aventuras accion viajes fantacia, autismo amor familia amistad, fantasía épica mágica
Editado: 16.01.2026