El viento en la costa soplaba como si llevara secretos desde el fondo del mar.
Frente a ellos, la torre semihundida parecía surgir directamente de los mitos, con paredes inclinadas cubiertas de coral seco y símbolos tallados en lenguas olvidadas.
—Este lugar no está muerto —murmuró Emilia—.
Está... esperando.
—Lo siente también —dijo Damián, tocando una piedra.
Su piel vibró al instante.
Como si la torre le reconociera.
Comenzaron a descender por un sendero rocoso, mientras el oleaje golpeaba las bases de la torre.
El aire se volvió espeso, salado y antiguo.
Dentro, los pasadizos eran estrechos y húmedos.
Escaleras fracturadas descendían en espiral, con estatuas rotas de figuras que no eran humanas… pero tampoco del todo monstruosas.
En el silencio, una voz comenzó a hablarles, suave como un canto marino:
—"¿A qué le tienen más miedo?
¿A lo que pueden encontrar…
o a lo que podrían llegar a ser?"
Arriba, en la colina, la figura encapuchada alzó su bastón.
Del cuervo que descansaba en su hombro salieron hilos de sombra que descendieron hacia la torre.
—Sus pensamientos ya titilan.
Un poco de duda, y se romperán desde adentro.
Tomás, en la oscuridad, comenzó a sentir los escalones torcerse bajo sus pies.
De pronto, estaba solo.
Y frente a él, su padre.
Vivo. Real. Con la misma expresión áspera de siempre.
—“¿Esto es todo lo que lograste? ¿Golpear sombras y seguir sin entender nada?”
“Siempre fuiste solo un cuerpo.
Nunca una mente.”
Tomás se paralizó.
Quiso gritar, pero la figura desapareció.
Solo quedó el eco de esa voz dentro de sí.
Emilia se acercó a un altar cubierto de algas.
Al tocarlo, una imagen la invadió: su madre en la camilla, murmurando su nombre.
—“¿De verdad pensás que podés salvar a alguien más… cuando no pudiste salvarme?”
“Todo lo que tocás se rompe, Emilia.
Hasta vos misma.”
Emilia retrocedió.
Las lágrimas corrían sin permiso.
Damián, más abajo, entró en una sala circular con una piscina central de agua negra.
Al mirar su reflejo… no se vio a sí mismo.
Vio a Anuar.
El Fragmentado original que había sentido en visiones pasadas.
—“Somos el mismo, ¿sabías?”
“Vos sos la repetición.
El error que se comete otra vez.”
—No —susurró Damián—.
No soy una copia.
Soy la consecuencia.
Mientras los tres luchaban con sus visiones, el encapuchado descendía lentamente.
Su bastón dejaba marcas en el suelo, como si el mismo espacio lo rechazara.
—Con solo un susurro más… romperé su unidad.
Y cuando estén solos, los Fragmentos serán míos.
Pero entonces, algo cambió.
La torre respondió.
Desde el agua central, la llama del primer fragmento comenzó a brillar en la piel de Damián.
En sus amigos, los tatuajes también ardieron, devolviéndoles una parte de la verdad que las ilusiones buscaban robar.
Tomás recordó a su hermano pequeño, mirándolo con orgullo.
Emilia vio a su madre sonreír débilmente antes de morir.
Y Damián escuchó su propio pensamiento resonando más fuerte que el eco de Anuar:
—“No nací para repetir la historia.
Nací para darle otro final.”
Los tres se reencontraron al pie de la torre, justo cuando el encapuchado apareció entre las sombras.
Sus ojos eran completamente negros.
—¿Quién sos? —preguntó Tomás.
La figura se quitó la capucha lentamente.
Era una mujer.
Joven, de mirada rota, con símbolos similares a los de ellos… pero torcidos.
—Yo fui como ustedes.
Pero la llama me quemó por dentro.
Y ahora… solo ardo para otros.
Damián dio un paso al frente.
—¿Querés arrebatarnos el fragmento?
—No.
Quiero que fracasen.
Porque si ustedes tienen éxito, lo que queda de mí desaparecerá.
No hubo batalla.
Solo una tensión que no terminó de estallar.
La mujer retrocedió, con los ojos cargados de algo más profundo que odio: dolor puro.
—Nos volveremos a ver —dijo—.
Y cuando lo hagan… recordarán que nadie sale entero de esta búsqueda.
Cuando al fin llegaron a lo más profundo de la torre, encontraron una esfera de cristal azul flotando sobre el agua.
El segundo fragmento.
Al tocarla, los tres vieron una misma visión compartida:
Un barco en llamas, un hombre encadenado gritando un nombre.
Y sobre el mar, una isla oculta por tormentas.
—Ahí está el siguiente —dijo Emilia, sin entender cómo lo sabía.
El viaje apenas comenzaba.
Y ahora sabían que no solo luchaban contra sombras…
Luchaban contra el olvido de lo que podrían llegar a ser.
#2465 en Fantasía
#417 en Magia
magia aventuras accion viajes fantacia, autismo amor familia amistad, fantasía épica mágica
Editado: 07.02.2026