El mapa se desplegó sobre la mesa de piedra.
La marca estaba allí, en un punto olvidado de la geografía.
Enclave Lémure.
Una ciudad que alguna vez fue un experimento urbanístico del gobierno, hoy casi abandonada, pero con una fuente de energía temporal sellada bajo su núcleo.
—Ahí duerme Selar, la Fragmentada de la espiral —dijo Naima, señalando con firmeza—.
—Y Severo irá por ella. Es la única que puede alterar el tiempo… y el juicio.
—¿Qué tipo de ciudad es esa? —preguntó Emilia.
—Una donde el tiempo… nunca fue del todo normal —respondió Yareth—.
Relojes que se detienen, ecos de palabras aún no dichas, niños que sueñan con su futuro antes de vivirlo.
Ella gira dentro de los ciclos.
Y si Severo la despierta, reescribirá las consecuencias a su antojo.
Damián cerró los ojos.
—Entonces vamos.
Antes que él.
Viaje hacia Enclave Lémure
Khural invocó raíces como piernas que los transportaron por senderos antiguos, ocultos entre cerros y cuevas subterráneas.
Yareth hilaba recuerdos para que sus pasos no fueran detectados por criaturas de sombra.
—¿Por qué está tan silenciosa la tierra? —susurró Tomás una noche.
—Porque sabe que el tiempo… está a punto de romperse —dijo Khural.
Dos días después, llegaron.
Enclave Lémure.
Calles sin autos.
Edificios de ventanas cubiertas con trapos.
Y relojes…
cientos de relojes, colgando de postes, árboles, techos.
Todos rotos.
Todos marcando horas diferentes.
—Esto da miedo —murmuró Emilia.
—No es miedo —dijo Damián—.
Es advertencia.
Buscaron el acceso al subsuelo.
El cuaderno de Damián, como siempre, vibró al acercarse a una boca de tormenta.
Descendieron.
Luz azulada.
Sensación de vértigo.
En el centro del subsuelo: una cámara de cristal sellada con espirales de energía flotante.
Dentro, una figura femenina en posición fetal, flotando sin peso.
Selar.
—Llegamos primero —susurró Tomás.
Pero una voz le respondió desde las sombras:
—¿Están seguros?
Desde una de las paredes, una figura emergió.
Vestía de blanco. Sin sombra.
Era humano.
Y no.
—Soy Nares, heraldo del Tiempo Puro.
He sido enviado… para ofrecerles una elección.
Los chicos se pusieron en guardia.
Khural avanzó, pero Nares alzó una mano.
—No vine a pelear.
Solo a preguntarles:
¿por qué creen tener derecho a decidir quién despierta… y quién no?
Damián lo enfrentó.
—Porque nosotros no queremos usarlos.
Queremos escucharlos.
Nares sonrió.
—Lamentable.
Entonces tendrán que enfrentarla… despierta.
Chasqueó los dedos.
Y la cámara comenzó a girar.
—¡No! —gritó Yareth.
Pero era tarde.
Selar abrió los ojos.
Y con su despertar, el tiempo dentro del santuario se fragmentó.
Tomás desapareció de la vista.
Emilia envejeció y volvió a ser niña en un parpadeo.
Damián… escuchó su propio grito antes de emitirlo.
Y la Fragmentada en espiral sonrió desde el centro del caos.
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Editado: 23.03.2026