Todo era distorsión.
Damián sintió el aire estirarse como si el presente fuera un chicle a punto de romperse.
Emilia se veía mayor, más cansada. Tomás parecía congelado en un instante… y sin embargo se movía entre latidos.
Y en el centro, Selar flotaba.
No caminaba.
Gira.
Su cuerpo daba vueltas lentas, como un reloj sin manecillas.
Sus ojos eran dos vórtices llenos de estrellas antiguas.
—No ataquen —dijo Yareth, sosteniendo a Emilia antes de que intentara invocar su energía—.
—Ella no está despierta como nosotras. Está despertando en todas sus versiones a la vez.
Khural extendió raíces para anclarlos al presente.
—Si alguien puede entrar en ella… es Damián.
Él no piensa solo con lógica. Él siente a través del caos.
Damián dio un paso.
El suelo tembló.
No hacia abajo, sino hacia adentro.
Las espirales de Selar giraron más rápido.
“¿Cuál de ustedes me busca?”
“¿Cuál versión?”
“¿Cuál mentira?”
“¿Qué máscara traen?”
—Ninguna —dijo él, cerrando los ojos—.
—No venimos a controlarte.
No somos Severo.
Y no queremos detenerte.
Solo… hablar con vos.
La espiral lo envolvió.
Damián sintió cómo su mente era descosida y retejida en segundos.
Vio sus recuerdos pasar:
el primer dibujo que hizo de niño,
la vez que pensó que su familia estaría mejor sin él,
el primer momento en que se sintió escuchado.
Y luego… entró en el centro de Selar.
Era un salón circular.
En cada pared, un espejo.
Y en cada espejo… una Selar distinta.
Una niña. Una anciana. Una guerrera. Una fugitiva. Una madre.
“Todos quieren despertarme para usarme” —dijo una de ellas.
“¿Vos también querés eso, Damián?”
—No.
Solo quiero que decidas con libertad.
“Entonces mostrame algo que no haya visto antes.”
Damián respiró hondo.
Abrió las manos.
Y mostró sus cicatrices.
Las de sus crisis.
Las veces en que se sintió solo. Roto. Equivocado.
Las veces que no encajó.
—Yo no nací para ser un héroe.
Ni para salvar a nadie.
Solo… existo.
Y estoy cansado de que eso no alcance.
Silencio.
Una de las Selar se levantó.
Le acarició el rostro.
Le habló al oído.
“Sos el único que no quiso cambiarme.
Por eso… voy con ustedes.”
La espiral se rompió en un estallido suave.
Tomás volvió a moverse.
Emilia recuperó su edad.
Y el tiempo se rearmó como un corazón que vuelve a latir.
Selar descendió suavemente.
—Mi nombre aún no es seguro —dijo, sonriendo con ojos de siglos—.
Pero estoy lista para caminar esta línea torcida con ustedes.
Aunque eso… implique volver a girar.
Khural la saludó con una reverencia.
Yareth soltó un suspiro de alivio.
Naima apareció a la distancia, observando con atención.
—El tiempo acaba de elegir su bando —murmuró.
Y mientras se alejaban del subsuelo, Damián volteó una última vez.
En una de las paredes, su reflejo aún lo miraba… con ojos de Selar.
#1192 en Fantasía
#215 en Magia
magia aventuras accion viajes fantacia, autismo amor familia amistad, fantasía épica mágica
Editado: 23.03.2026