Damián cayó.
Pero no hacia abajo.
Hacia adentro.
El mundo no se desintegró.
Se dobló sobre sí mismo.
Colores sin nombre.
Voces que gritaban cosas que aún no habían pasado.
Frente a él apareció un pasillo curvo, infinito.
En las paredes, escenas de su vida:
su primera crisis,
la vez que quiso desaparecer,
el momento en que Tomás le dijo: “Sos parte de esto”.
Y al final del pasillo, una versión de sí mismo, mirándolo con ojos vacíos.
—¿Quién sos ahora que todos te necesitan?
Exterior — Batalla en Umbra
Selar giraba en el aire, creando ondas que congelaban breves instantes de las sombras.
Pero eran demasiadas.
Tomás peleaba como un ciclón.
Cada golpe suyo rompía el suelo, la piedra, el aire.
Pero aún así, llegaban más.
Naima invocaba sellos de contención en círculo, protegiendo a Emilia, que curaba a un Yareth herida.
—¡No podemos resistir mucho más! —gritó Emilia.
—Confiá en Damián —respondió Naima—.
Es la única línea que aún no se rompió.
Interior — La prueba de Damián
El reflejo de Damián dio un paso.
—Tu dolor es ruido.
Tu miedo… es eterno.
¿Cómo vas a cerrar una grieta si nunca pudiste cerrar tus propias heridas?
—No tengo que cerrarlas —dijo él, temblando—.
Tengo que entenderlas.
El pasillo se quebró.
Y al otro lado… lo vio.
La fuente.
Una esfera flotante de energía negra.
Dentro, millones de ojos.
Y en el centro, uno… con su iris.
—¿Esto es mío?
—Es lo que dejaste atrás.
Exterior — Punto de quiebre
Severo descendió, caminando como si el campo de batalla fuera un templo.
—No soy el enemigo —dijo con una voz hipnótica—.
Soy el antídoto.
Y ustedes… son los portadores de la enfermedad.
Tomás se lanzó hacia él, pero Severo lo desvió con un gesto leve.
—No podés ganarme con fuerza.
Yo peleo con visión.
Selar intentó interferir, pero él le susurró algo en un idioma olvidado… y ella cayó al suelo, llorando sin lágrimas.
Interior — El acto
Damián se acercó a la esfera.
—Si esta grieta es parte de mí… entonces puedo decidir qué hacer con ella.
Colocó sus manos sobre la superficie.
No dolió.
Pero ardió en su mente.
Todas sus versiones lloraban al unísono.
Todas se abrazaban.
Y entonces, por primera vez, fue uno solo.
—Yo no soy una fractura.
Soy la herida… que aprende a cerrar.
La esfera explotó en luz.
Y la grieta comenzó a cerrarse desde el centro.
Exterior — El giro
Las sombras gritaron.
Un sonido que ninguna garganta debería poder emitir.
Severo sintió cómo el aire cambiaba.
Sus ojos se tornaron furia.
—¡¿Qué hiciste?!
La grieta tembló.
El cielo se partió de nuevo.
Pero esta vez… no para abrirse.
Sino para sellarse.
Y en el centro del campo, Damián emergió, arrodillado pero entero.
Con una luz suave en el pecho.
Todos lo miraron.
Incluso Severo… retrocedió.
Selar se incorporó.
—No lo vi venir —susurró.
Naima sonrió.
—Por eso funcionó.
El capítulo termina con las sombras retirándose.
La grieta cerrada.
Y Severo… con otra estrategia en mente.
Pero el mundo, por ahora…
sigue en pie.
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Editado: 23.03.2026