La ciudad de Umbra parecía dormida.
Las grietas selladas, las sombras disipadas, los relojes callados.
Pero en los corazones del grupo… el tiempo seguía reconstruyéndose.
Naima fue la primera en hablar, al borde del lago seco donde habían improvisado un campamento.
—Ganamos una batalla… pero no una tregua.
Severo va a cambiar de táctica.
Ya no buscará portales: buscará desequilibrarnos.
—Ya lo hizo —dijo Selar, envuelta en una manta, mirando el fuego sin parpadear—.
Yo dudé.
Yo caí por su voz.
Y si no fuera por Damián, no estaríamos acá.
Damián bajó la mirada.
No estaba herido.
Pero algo en él era nuevo.
Como si la grieta hubiera dejado un eco suave en su alma.
—No sé qué fue eso.
No sé qué parte de mí cerró la grieta…
pero no quiero perderla.
Tomás se sentó a su lado.
Le ofreció una bebida caliente.
Le tocó el hombro, firme pero sin invadir.
—No la perdiste.
Sos vos.
Y si alguna vez lo olvidás… te lo vamos a recordar.
Más tarde, Emilia buscó a Selar.
Ambas compartieron un silencio largo, mirando el cielo sin estrellas.
—¿Es cierto que lo viste todo… todos los futuros posibles?
—Sí —respondió la Fragmentada—.
Y por eso mismo estoy acá.
Porque en casi todos, morís salvando a alguien más.
—¿Y en este?
Selar la miró con ternura.
—Todavía puede cambiar.
Pero quiero que vivas por vos…
no solo por los demás.
Khural caminaba solo entre las ruinas.
Yareth tejía palabras en el aire con hilos de luz, reconstruyendo fragmentos de un canto olvidado.
El grupo estaba quebrado en pedazos nuevos.
No rotos.
Sino redibujados.
Naima, al final del día, los reunió a todos.
—La grieta fue solo un preludio.
Severo no busca dominar.
Busca reescribir la raza humana, convertirla en algo… puro.
Pero su pureza es odio disfrazado de orden.
—¿Y cuál es nuestra arma? —preguntó Tomás.
Naima sonrió.
—Ustedes.
Con todo lo que son.
Incluso lo que no entienden aún.
Esa noche, mientras los demás dormían, Damián abrió su cuaderno.
No escribió.
Solo pasó la mano por la última página.
Y allí, sin tinta, sin presión, sin letra…
una palabra apareció sola:
Fuego.
Y debajo: una firma distinta.
Delicada.
Antigua.
Izel.
El silencio regresó.
Pero por primera vez…
no dolía.
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Editado: 23.03.2026