A la mañana siguiente, Damián compartió la palabra que había visto escrita sola en el cuaderno:
Fuego
Firmado: Izel
Selar palideció al oír el nombre.
—No puede ser.
Izel… era la que mantenía encendida la llama del origen.
Pero fue sellada en un sitio que nadie volvió a encontrar.
—¿Y si fue ella quien nos encontró a nosotros? —dijo Emilia.
Naima asintió.
—Entonces debemos seguir el calor.
No el del fuego… sino el de las verdades incómodas.
La búsqueda comenzó en la región de Quimilán, una zona montañosa que fue consumida por incendios hace décadas.
Al llegar, la vegetación era reciente, joven… pero algo en el suelo latía bajo las cenizas.
—Siento algo —murmuró Yareth—.
Palabras no dichas.
Promesas rotas.
Tomás caminó hacia un árbol quemado que se mantenía de pie.
En su corteza, una marca grabada: una espiral encendida.
Y al tocarla, la tierra se abrió apenas, revelando una cámara subterránea sellada con vidrio negro fundido.
—Entró por acá —dijo Selar—.
Pero no para escapar.
Para que nadie más la apague.
El grupo descendió con cuidado.
Dentro: calor.
Pero no abrasador.
Acogedor.
Como si cada piedra recordara un abrazo perdido.
Como si las paredes exhalaran memorias familiares.
En el centro de la cámara: una figura sentada, con el cabello como hilos de cobre y ojos cerrados.
Sus brazos cruzados sobre el pecho.
Y sobre su espalda, la imagen de una llama tallada en su piel.
—Izel… —susurró Naima.
Damián dio un paso al frente.
La figura abrió los ojos.
No fuego.
No luz.
Dolor puro.
Y esperanza.
—I no longer sleep —dijo en una voz que parecía hecha de brasas—.
Solo me escondí… del recuerdo que me partió en dos.
—¿Cuál recuerdo? —preguntó Emilia.
Izel levantó la vista, directo hacia Damián.
—El de haber intentado salvar al mundo…
y haberlo quemado sin querer.
En ese instante, una visión los envolvió a todos:
Un templo ardiendo.
Gente gritando.
Y en el centro, Izel llorando de rodillas, su fuego fuera de control, consumiendo a inocentes por una traición.
La visión terminó.
Silencio.
Izel bajó la cabeza.
—Severo no miente del todo.
Hay cosas que hicimos mal.
—¿Entonces te unirás a él? —preguntó Tomás.
—No.
Pero tampoco me uniré sin entender quiénes son ustedes.
La Fragmentada del Fuego propuso una prueba:
Si logran encender la llama sin quemarse,
les contaré lo que olvidaron los antiguos.
Pero si no… perderán una verdad que aman.
Naima asintió lentamente.
—Aceptamos.
El capítulo termina con los chicos entrando en una sala sellada por anillos de fuego espiritual.
Cada uno deberá enfrentar su propia verdad incómoda, si desean que Izel los acompañe.
#1192 en Fantasía
#215 en Magia
magia aventuras accion viajes fantacia, autismo amor familia amistad, fantasía épica mágica
Editado: 23.03.2026