Emergieron del lago como si atravesaran un umbral entre mundos.
El sol se filtraba entre las nubes con una luz tenue, como si el cielo también supiera lo que acababa de ocurrir.
—¿Están todos bien? —preguntó Naima, su voz más suave que de costumbre.
Asintieron uno a uno.
Pero todos sentían el mismo peso: el fuego en sus cuerpos no se apagaba.
El fragmento de Nayara no era solo poder…
Era una voz nueva en su interior.
Caminaron hasta una colina cercana, donde improvisaron un nuevo campamento.
Allí, sentados alrededor del fuego —esta vez uno real— comenzaron a hablar.
—¿Cuántos fragmentos quedan? —preguntó Emilia.
Naima suspiró.
—Al menos dos más.
Uno escondido en un desierto que nadie ha cartografiado.
Otro… en un lugar al que ni yo me atreví a ir sola.
—¿Por qué? —dijo Tomás.
—Porque no es un sitio…
Es un recuerdo colectivo, enterrado en el inconsciente de todos los Fragmentados.
Un lugar que solo puede abrirse si uno de ustedes decide recordar lo que más teme.
Silencio.
Damián se acarició el pecho.
La llama en su interior no dolía.
Pero latía.
Y a veces, susurraba.
“Hay más que poder en vos.
Hay memoria.”
Esa noche, mientras los demás dormían, Izel se acercó al lago.
Se arrodilló junto a la orilla y colocó su mano sobre el agua.
—Gracias por no apagarme —susurró.
Damián apareció a su lado, en silencio.
—¿Qué viste allá abajo? —preguntó él.
—Una advertencia.
Nayara nos dio el fragmento… pero no nos perdonó.
Y algo más… despertó con nosotros.
—¿Qué cosa?
Izel giró hacia él.
—El eco de una decisión que casi destruyó el mundo.
Severo no solo quiere eliminar a los humanos.
Quiere… reescribir la historia desde el primer fuego.
A la mañana siguiente, Selar llegó corriendo desde el este.
—Encontré marcas.
Sombras recientes.
Y algo más…
Extendió una tela arrugada, quemada en los bordes.
En su centro, un símbolo pintado con sangre:
el cuervo y la espiral, entrelazados.
—Es una declaración —dijo Naima—.
Nos están siguiendo.
La decisión está tomada:
el próximo fragmento será el del desierto.
Pero ya no son solo buscadores.
Ahora, son portadores.
Y eso los convierte en blanco.
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Editado: 23.03.2026