El inconsciente colectivo no tenía forma fija.
Un instante parecía un templo flotante, al siguiente, una grieta suspendida sobre un abismo de recuerdos rotos.
Allí, Emilia, Tomás, Yareth, Naima, Selar y Izel avanzaban con cautela.
El paisaje a su alrededor estaba hecho de memorias compartidas:
la primera vez que usaron sus dones,
el fuego que los unió,
las veces que rieron…
y las veces que no hablaron lo que dolía.
Pero todo estaba incompleto.
El fuego central no estaba.
Damián.
—Esto no es estable —murmuró Selar—.
La energía se fragmenta demasiado rápido.
Sin él, el vínculo no se puede mantener del todo.
—Seguimos igual —dijo Tomás, aunque su voz temblaba.
—No necesitamos a Damián para esto.
Emilia lo miró, sin discutir.
Pero la tristeza en sus ojos lo dijo todo.
Fue en ese instante que el aire se rasgó.
Una grieta se abrió en el tejido mismo del recuerdo.
De ella surgieron sombras…
formas sin rostro…
y detrás, una figura vestida de negro, con una sonrisa conocida:
Severo.
—¿Pensaban que podían entrar aquí… sin que lo sintiera?
Este es nuestro fuego también.
Y no pienso dejarles el último fragmento.
Junto a él, emergieron tres figuras más:
la Fragmentada del Cuervo,
un chico llamado Arlen que alguna vez fue parte de Selar,
y un ser alto, mudo, cuyas manos humeaban ceniza negra.
—¡Defiendan el núcleo! —gritó Izel, desatando una explosión de luz blanca.
La batalla comenzó.
Tomás cargó contra las sombras con su fuerza aumentada, pero sus golpes no eran precisos.
Dudaba.
Emilia intentó curar a Yareth tras un impacto de energía oscura, pero su poder parpadeaba.
Su fuego vacilaba.
Naima peleaba con decisión, pero sus ojos buscaban a Damián sin encontrarlo.
El grupo resistía.
Pero no avanzaba.
—¿Ven? —gritó Severo mientras desviaba un ataque de Selar—
Sin él, no son un círculo.
Solo piezas sueltas que no saben hacia dónde girar.
Tomás cayó de rodillas.
No por una herida…
sino por el peso de la ausencia.
—No es lo mismo sin él…
—No —dijo Emilia, aguantando una lágrima—.
Nos falta el que nos escucha sin juzgar.
El que no habla todo el tiempo…
pero está cuando más importa.
Y en ese momento, las sombras retrocedieron un segundo.
Como si la memoria de Damián tuviera peso incluso allí.
Severo miró hacia arriba.
Algo cambiaba.
No en ellos.
En el inconsciente mismo.
Una chispa blanca cruzó el cielo de recuerdos.
Una señal…
Alguien había tocado el núcleo desde fuera.
Severo frunció el ceño.
—No…
¿Es posible?
Con un plano lejano del inconsciente colectivo comenzando a vibrar desde su base, como si alguien estuviera volviendo…
para cerrar el círculo.
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Editado: 30.03.2026