Los Errores Que Cometimos (y como los arreglamos)

15

 

HARRIET

—Hola —Elthon está en la sala de estar y lo saluda Mia cuando entramos.

Tomas la mira y luego a él. — ¿No estás en el trabajo?

Elthon me da una mirada rápida y luego aclara su garganta. —Día libre.

Mia avisa que irá a su habitación a cambiarse, Tomas me dice que bajará al sótano donde ellos tienen una pantalla y consolas de video juegos.

— ¿Dónde está tu sombra? —Elthon me mira.

Ruedo los ojos. —Fletcher está por ahí, haciendo cosas.

Sonríe. —Gran explicación.

Bostezo, acercándome para hablarle. —Lo sé. Estoy aburrida, Elthon has algo divertido.

Niega, juntando sus cejas. —No, ve a jugar con Tomas.

Arrugo la nariz. —No me gustan los videojuegos —me siento a su lado y dejo caer la cabeza en el respaldo, muevo mi rostro—. ¿No irás al albergue?

Él voltea entrecerrando sus ojos. — ¿Quieres ir otra vez?

Suspiro. —Pues hoy había una fiesta pero no será divertido sin Fletcher y ellos no irán, quieren ver una película o algo así —cierro los ojos—. Tomas y Mia son unos nerds encubiertos. Están emocionados por una tonta película de dinosaurios.

Elthon suelta una carcajada. —Déjalos ser felices.

Abro de nuevo mis ojos. —Yo quería ir a la fiesta —pero con Fletcher.

— ¿Para qué? —Elthon se mueve un poco para acomodarse de lado—. Las fiestas son aburridas.

—Ahora que lo pienso tu no ibas a fiestas, ¿Verdad? No recuerdo que hayas llegado tarde o algo así. —Además no tenía muchos amigos, solo algunos de la escuela pero no sé si aún se habla con ellos.

—No me gustan las fiestas —afirma algo que ya sabía—. No me gusta el ruido, el calor que se crea en esos lugares cerrados y no tomo alcohol.

—Eres tan —bostezo—, tan… no sé.

Resopla. —Ya lo sé, para ti soy aburrido y patético.

Muerdo mi labio inferior pensando en que, en realidad, últimamente ya no creo que sea solamente eso. —Um, pues quizás lo eres un poco —recuesta su cabeza sobre su mano—. Pero no eres tan malo, digo, podría enseñarte a divertirte.

Suelta aire por su nariz. — ¿Tu? No gracias, no quiero terminar en la cárcel.

Tomo un almohadón a mi lado y golpeo su brazo. —No soy tan mala, tú tienes una imagen muy dañada de ti.

—Harriet, no vuelvas a golpearme —me señala—. Pórtate bien.

Entorno mis ojos y tomo de nuevo el almohadón para golpearlo de nuevo. —No me gusta portarme bien.

Elthon estira su mano a mi cuello y comienza a moverla. —Aún recuerdo tu debilidad.

Me está haciendo cosquillas y yo intento alejarlo mientras suelto carcajadas incontrolables. Tonto Elthon, pensé que todos habían olvidado que mi punto más “cosquillante” es a un costado de mi cuello.

— ¡Basta! —pido, básicamente recostada en el sofá y él casi sobre mí—. Ya, me rindo, tú ganas.

Elthon coloca sus manos a los lados de mi cabeza, me mira desde arriba, como evitando que huya de él. — ¿Vas a portarte bien conmigo por el resto de mi vida?

Sonrío. —El resto de tu vida… um, eso es mucho tiempo.

Mueve su mano derecha y la acerca a mi cuello de nuevo.

— ¡Está bien! —Cierro los ojos—. Sí, sí, me portaré bien contigo, ¿feliz? Esto es tortura, estoy segura de ello. Te denunciaré o algo, ya no me hagas nada.

Escucho un pequeño ruido y luego sus carcajadas son más definidas, abro los ojos y lo veo a él reírse casi encima de mí. Ha cerrado los ojos por lo que puedo observarlo desde este extraño ángulo.

Elthon tiene la piel un poco más bronceada naturalmente que Fletcher, sus cejas son un poco más gruesas y cuando ríe, unas líneas se le forman debajo de los ojos.

No entiendo porque Elthon no vivió sus años escolares como Fletch, con citas y salidas. Digo, honestamente, él no es feo.

Es, pues, atractivo.

—Qué fácil es vencerte —afirma, abriendo los ojos—. Lastimosamente no te creo. Cuando te deje ir, seguirás siendo un fastidio.

Ruedo los ojos. —Deberías quitarte, si Mia o Tomas nos encuentran así…

Levanta una ceja. — ¿Qué puede pasar? —Lentamente desciende y yo trago saliva—. ¿Crees que piensen que tú y yo estamos ocultando algo?

Respiro profundo y puedo sentir su loción. —Elthon…

Él sigue acercándose a mí y lo natural sería empujarlo pero, una pequeña parte de mí tiene curiosidad por saber qué podría pasar.

Pero Elthon se detiene a pocos centímetros de mi rostro y sonríe. —Vamos Harriet.

Elthon se pone de pie y estira su mano hacia mí.

¿Qué?

Me siento ridícula por permanecer en esta posición mientras Elthon se acomoda el cabello como si hace unos segundos no hubiera hecho la cosa más extraña entre nosotros.

Pero, bueno, seguramente solo fue para molestarme.

Elthon es demasiado raro honestamente.

Aclaro mi garganta mientras me reacomodo en el sofá. — ¿Qué?

Mueve su mano. —Vamos al albergue. Ya fui a mi turno en la mañana pero siempre necesitan ayuda.

Asiento y aunque dudo un segundo, tomo su mano y me ayuda a levantarme. —Bien, vamos.

Mi corazón está agitado, seguramente porque me hizo cosquillas.

Mia baja justo cuando aún tenemos nuestras manos unidas. Yo lo noto y suelto la mano de Elthon rápidamente.

—Vamos a salir —Elthon le avisa.

Mia me mira y luego a él. —Bien… ¿A dónde?

Al trabajo de tu hermano que se supone es un secreto. —A comprar algo de comer, tengo ganas de hamburguesas —le digo.

Ella asiente y señala hacia abajo. —Estaré con Tomas.

Se aleja y miro mi mano. Sé que por un segundo algo le pasó en la mente pero debería alejar cualquier idea de su cabeza. Y si en caso quiere pensar que me gusta alguno de sus hermanos, definitivamente no es Elthon.

—Vamos —me dice.

Asiento y lo sigo. Es raro estar de nuevo con Elthon y salir a algún lugar. No estoy acostumbrada a esto pero es mi última opción, no tengo ganas de ver una película de dinosaurios y no quiero estar sola en mi casa.




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