Los Errores Que Cometimos (y como los arreglamos)

37

 

HARRIET

— ¿Por qué te fuiste? —Elthon pregunta primero, después de abrirle la puerta.

No quiero decirle sobre mi berrinche sobre dramatizado en el albergue, ni lo exagerada que me vi caminando varias calles, cansándome y llamando a uno de esos autos para que me trajera de vuelta.

Sé que últimamente decepciono a muchas personas pero sé que con Elthon, no quiero hacer eso. Sé que ahora, me está importando lo que él piense de mí a pesar que yo sé que no piensa muchas cosas buenas sobre mí.

Quizás cuando pase lo que sea que tenga que pasar con Fletcher, me sentaré conmigo misma para intentar ordenar mis pensamientos y mis sentimientos así quizás comprenderé mejor porque ahora veo a Elthon de otra manera.

— ¿Qué haces aquí? —le pregunto.

Se encoje de hombros. —Te llamé pero no contestaste, tenía que asegurarme que estabas bien.

No estoy bien, sin duda no lo estoy.

—Pues aquí estoy, viva y… sí, estoy bien —digo, bajando la mirada.

— ¿Aún no han llegado tus padres, verdad? —me pregunta.

—Nop —recuesto la mitad de mi cuerpo sobre el marco de la puerta—. Aquí estoy yo, sola con mi soledad.

Elthon me observa en silencio mientras el lado izquierdo de su rostro se ilumina con los rayos del sol dorados por la hora. No sé qué estará pensando ahora mismo pero yo sí sé que estoy pensando sobre él.

Que le queda bien el cabello más largo.

Que me gusta el hecho que haya venido aquí solo para verificar que estoy bien.

Que a pesar que no lo merezco, él sigue siendo bueno conmigo.

Volteo hacia la calle, en dirección a donde el sol se está ocultando poco a poco. A través de las ramas, casas y arboles puedo percibir la iluminación del sol mientras pensó en las palabras de Albert.

Mientras pienso en Fletcher.

En todo.

Esto es tan complicado, ¿Por qué la vida tiene que ser tan difícil de un segundo a otro?

Bueno, sé que mi vida no es tan mala, sé que personas como Albert tiene dificultades más grandes pero, esto también me duele.

Quisiera no ser tan egoísta como para únicamente pensar en mis propios problemas pero no puedo evitarlo, no puedo dejar de sentirme tan atrapada como si estuviera en una caja y me rodean mis pensamientos.

— ¿Quieres hablas sobre algo? —pregunta Elthon, bajando la voz.

Suspiro. —Elthon… sé honesto, ¿Soy egoísta?

Suelta una pequeña risa. —Sí, un poco, supongo.

Sonrío mientras ruedo los ojos. —Hablo enserio, digo, ¿Crees que yo hago más daño que bien?

Elthon coloca sus manos sobre mis hombros. — ¿Por qué dices eso?

Muevo mis ojos a los de él, casi puedo percibir la paciencia en su mirada. —Porque creo que cada día cometo error tras error.

—Como todos —responde.

Hago una mueca. —No es cierto, personas como tú no cometen errores o personas como mis padres o tu hermana, incluso Tomas no es tan malo… yo solo, hago las cosas mal.

—No todas —afirma, acercándose un poco a mí—. Eres mejor de lo que crees.

Chasqueo mi lengua. —No lo soy, no puedo estar sola y dependo emocionalmente de otras personas, es como si voy por la vida creando desastres esperando que alguien los arregle por mí.

—Pues yo no te veo así —asegura.

Subo la mirada a él, ahora está más cerca y no me molesta. — ¿Cómo me ves? ¿Cómo la hermana de tu amigo? ¿La hija del señor que te presta libros? ¿La ex amiga de tu hermano molesto? ¿La consentida, caprichosa e inmadura que has tenido que soportar toda tu vida?

—Sí —contesta, sonriendo—. Y también, como la chica espontánea y creativa, la que sabe hacer reír a cualquiera y que puede ganarse el corazón de un desconocido.

Trago saliva. —No quiero ser así, quiero ser buena y linda y perfecta como Bianca —eso último lo dije sin pensar y rápidamente me arrepiento—. Digo, yo…

Elthon baja sus manos a las mías y pego un pequeño salto, o quizás, fue mi corazón.

—Siéntate —pide, bajando su cuerpo en la escalera pequeña de la puerta.

No puedo creer que estamos aquí, teniendo esta conversación, pero tampoco quiero moverme.

Él suelta mis manos. —Bianca y tú son diferentes, porque así se supone que sea.

Doblo mis piernas y recuesto mis brazos sobre mis rodillas. —No, yo solo, lo dije sin querer.

—Pero es lo que sientes, ¿no? —él también dobla sus piernas.

—No sé —suelto aire lentamente por la nariz—. No sé qué rayos pasa conmigo, yo no la odio realmente pero, no puedo evitar verla y sentir que ella es mucho mejor que yo —bufo—. Sé que tiene buenas calificaciones, sé que es naturalmente inda y sé que tiene a Fletcher.

—Eso ultimo no es tan importante —bromea Elthon.

Recuesto mi cabeza en mis brazos. —Lo era para mí, es que siento que es tan injusto, ¿Cómo puede llegar alguien un día y quitarte algo que has estado esperando por mucho tiempo?

Elthon no me contesta inmediatamente, se toma varios segundos para seguir hablando: —Sé lo que se siente, sé lo que es planear algo en tu cabeza y luego alguien, sin nada de esfuerzo, te lo arrebata.

— ¿Sí? —muevo mi cabeza para verlo.

Él asiente. —Sé lo que es ver a alguien que quieres con otra persona, una que podrías ser tú pero no lo eres.

Entorno mis ojos. — ¿Hablas de la única vez que te enamoraste?

—Sí —dice—. Pero mi mejor consejo es, que sigas adelante. No podemos obligar a nadie que nos quiera, ni podemos forzar nada. Algunas personas simplemente no te querrán y eso está bien, supongo.

Pero Fletcher me besó.

—Esa chica —me reacomodo de nuevo—, ¿Se lo dijiste? ¿Se besaron?

Niega, viendo al frente. —Siempre pensé que tendría tiempo suficiente para decírselo, creo que yo necesitaba tomar valor o quizás, esperaba que fuera ella que se diera cuenta pero antes que algo sucediera, ella simplemente no era para mí. Nunca fui siquiera una opción.




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