Los Feathrington

Capitulo 3 - Charles

Luego de hacer su entrada triunfal, lleno de confianza y encanto, lo unico en lo que podia pensar Charles Feathrington era en buscarse una dama digna de su belleza y pedirle la siguiente pieza. Mientras hacía su escaneo habitual por las señoritas del salón, vio a Diana en la mesa de bebidas. Charles conocia demasiado bien esa expresion. La solía usar cuando alguien lo exasperaba. Camino hacia su hermana y luego la llamo con el apodo que solía usar para molestarla:

– Oye, Didi. ¿Quién te molestó esta vez? ¿Esa necia de Caroline Preston?

– No, Charlie. Mi amiga no me irrita, al contrario que a ti. Alfred Cavendish decidio volver a remarcar lo angelical que eran mis características, y despues de escucharlo seis veces esta semana, sinceramente, necesitaba un descanso.

Charles rió.

– ¿Ese tal Cavendish es el mismo que te envía flores con poemas espantosos?

– El mismo.

– Bueno, la proxima vez que te moleste entonces yo le dare una buena paliza.

– ¿Tu?

– Si. Soy totalmente capaz, Didi.

– De lo unico que eres capaz, Charlie, es planificar cierta cantidad de encanto y arrogancia para que las señoritas caigan a tus pies.

– ¿Me crees capaz de semejante barbaridad?

– Si.

– Me ofenderia si aquello que afirmas no fuera cierto.

– Una mujer siempre lleva la razón.

– No me atrevo a discutir tal tema, en especial teniendo en cuenta de que Anne es la persona más brillante que conozco. Y solo tiene dieciséis años.

– ¿Sabes en cuánto tiempo más será presentada?

– Madre dijo que en unas cuatro semanas más

– Como pasa el tiempo. Hace tan solo unos años que Anne y Frederick eran unos bebés de siete años.

– ¿Desde cuando eres tan nostalgica, Didi?

– No lo soy. ¿Desde cuándo estás tan interesado en hablar conmigo? – replicó en el mismo tono

– ¿Un hermano no puede tan solo charlar espontanaeamente con su hermana menor?

– Yo nací antes, Charles. Y conociendote, no, no se puede.

– Bueno, bueno. Varios amigos míos me han comentado la divinidad de cierta hermana mía. Anne es demasiado joven y Jane no es considerada guapa por la alta sociedad así que…

– …asumiste que hablaba de mi. Ahora dime, ¿Qué caballeros han resaltado mi atractivo?

– Pues siempre está Arthur Longbourn. Edward Ashford también lo ha comentado mucho. Thomas Withmore, claro. Y eso es todo.

– Todos unos adictos a la bebida, si me permites decir. El señor Longbourn pasa todas sus tardes apostando y bebiendo en las tabernas de los suburbios. Edward Ashford siempre huele a cerveza y Thomas Withmore no es más que un hombre vanidoso y, en mi opinión, un necio, que no tiene más habilidad que hablar de sí mismo.

– No sabia que tenias un pensamiento tan formado de dichos caballeros.

– “Dichos caballeros” no hacen más que enviarme flores, por lo que ya sospechaba que te hubieran pedido que me hablaras de ellos. Si lo unico que saben es cómo elogiar a las damas, entonces me temo que no son más inteligentes que un botellin de aguardiente.

– ¡Cielos! No sabía que mi hermana mayor era tan despectiva.

Justo en ese momento, para lamento de Diana y para burla de Charles, Alfred Cavendish se acercaba a la mesa de bebidas.

– ¡Señorita Feathrington! Venía a pedirle…¡Oh! Hola, señor Feathrington.

– Buenas noches, Alfred.

– Digame, señor Feathrington, ¿cómo va la caza?

– Absolutamente provechosa.

– ¿Si? He odio que justamente los ciervos han han sido particularmente abundantes esta temporada

– Bueno, caballeros, iré a buscar a mi amiga. Continúen, por favor, con su charla…masculina.

– ¿Quiere que la acompañe, señorita Feathrington, y así no se pierda?

– Creo, señor Cavendish, que puedo ubicarme en un salón de baile. Buenas noches.

Charles observó sonriendo como su hermana se marchaba. ¿Quién diria que Didi era así de mordaz?- se preguntó Charles. Observó el baile, antes de dirigir una mirada de desprecio hacia el hombre que no paraba de hablar de ciervos y de la caza de hace cincuenta años. Estaba a punto de excusarse cuando las puertas se abrieron de par en par, y un señor de unos veintiun años entró. Llevaba un traje azul oscuro, a juego con sus ojos, y tenía una cabellera castaña. Charles no tenía ni idea de quién era, pero todos parecian impresionados por su presencia. Unas damas cerca de él comentaban sobre el caballero. Solo pudo descifrar algunas frases, pero fue suficiente para comprender quién era.

El duque de Pembrook acababa de entrar en la sala.



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En el texto hay: romance, de época, multiples pov

Editado: 28.02.2026

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