Los Feathrington

Capitulo 5 - Jane

Jane no era hermosa. O al menos no para los convencionalismos femeninos de la epoca. Diana, por otro lado, era considerada la “joya de la temporada”. La perfecta. La querida por todos. Aunque claro, con esos ojos azules era imposible no considerarla guapa. Jane era todo lo contrario. Fue por esa precisa razon que esta se sobresaltó cuando vio que un caballero le preguntaba si queria bailar. No con Diana. Con Jane.

– Disculpe, señor. Estaba sumida en mis pensamientos. ¿Sería tan amable de repetir su solicitud?

– Me preguntaba si querria acompañarme en esta pieza.

Jane se quedo mirandolo sorprendida. No estaba para nada acostumbrada a que siquiera un hombre le hablara, mucho menos que le ofreciera bailar.

– P-Por supuesto, señor.

El caballero la tomó de la mano y la guio hacia las parejas que bailaban. La música sonaba de manera suave y elegante, pero lo unico en lo que Jane podia pensar eran las razones de el hombre misterioso.

Luego de unos segundos de bailar en silencio, su acompañante la sacó de sus pensamientos.

– Confieso que me ha tomado todo el baile encontrar un rincón del salón que no estuviera ya rendido a sus pies, señorita. ¿Es usted siempre tan selectiva con sus admiradores?

– En realidad, señor, estaba simplemente disfrutando de la paz que otorga no ser una de las "joyas" de la noche. Pero dígame... ¿su vista es siempre tan deficiente o es que el brillo de los espejos le impide distinguir un muro de una multitud?

– Me temo que mi vista es excelente, señorita, pues acabo de encontrar la unica conversacion inteligente del salon.

Jane no cabia mas en si de asombro. Jamas le habian elogiado su inteligencia, ya que los caballeros que solía haber en reuniones sociales de ese tipo solo le interesaba si una mujer era atractiva o no.

– Me sorprende usted, señor, ya que habia pensado que era usted del tipo de caballeros que no sabian diferenciar entre una cara bonita y un conocimiento amplio.

– ¿Y que la hizo pensar tal cosa?

– El comportamiento de los demás, señor. Dígame un solo hombre en esta sala, en excepción de usted, que no esté fascinado por las bellezas del salón, sino que busque una “conversacion inteligente”, como usted lo llama.

– Me temo que tiene razon, señorita.

– Y no solo los caballeros, si me permite decir. Muchas damas se esmeran solamente en su aspecto, la mayoria aquí presente.

– ¿Es usted siempre tan prejuiciosa con su sexo?

– Creo conveniente que una mujer se preocupe no solo de su fisico, sino que tenga conocimiento amplio sobre las artes, geografía, historia, literatura, idiomas y las labores domésticas del hogar. Yo, por mi parte, no he tenido la suerte de conocer a una dama con todas estas cualidades. ¿Y usted?

– Con las cualidades que usted describe, creo que ninguna señorita que he llegado a conocer posee tales caracteristicas, ya que me temo que es practicamente imposible encontrar una que las tenga todas.

– ¿Imposible, dice? ¿Y soy yo la que es prejuiciosa con las señoritas?

El caballero se rió en una carcajada breve, y luego el silencio se volvió a instalar entre Jane y el.

– Digame, señorita, ¿le gusta hablar mientras baila?

– Oh, no. Es mucho mejor quedarse en silencio mientras se baila una pieza insulsa como esta.

– ¿No disfruta usted de la música?

– No de esta en particular, señor.

Jane se complació a sí misma cuando vio que el caballero sonria, porque, a su pesar, la pieza habia terminado. Justo cuando creía que el hombre se retirara a comentar con sus amigos la dama atrevida que habia conocido, el hombre le ofrecio el brazo y dijo:

– ¿Me permite usted acompañarla fuera de la pista de baile, para no estorbar a la siguiente pieza?

– Por supuesto, señor.

Caminaron en silencio fuera de la pista de baile, cada uno sumido en sus pensamientos. Jane no podia parar de pensar en como todo eso no encajaba con lo que habia soñado que sería, de la mejor forma posible. Sabía que con su carácter e inteligencia no podria actuar como la tipica dama que se sonroja entre pestañeos y movimientos del abanico, pero no podia parar de pensar que aquella noche habia resultado la noche perfecta. Esperaba que el caballero sintiera lo mismo. Justo cuando iba a preguntarle su nombre, una voz masculina que Jane conocia demasiado bien se acercaba a paso rapido y enfurecido.

William.

– ¡Libertino2! ¿Acaso no fui lo bastante claro?

¿Libertino?– pensó Jane ¿El hombre educado que acabo de conocer es conocido de mi hermano, y ademas llamado libertino?

– ¡Alejate de ella! ¡No eres digno ni de respirar su mismo aire, mucho menos de escoltarla!

– William. No soy un objeto que cuidar ¿recuerdas?, yo…

– ¡Esto es intolerable! Te dije que mis hermanas estaban fuera de tu alcance y que ni te atrevieras a dirigirle la palabra ¡te lo dije! ¿Cómo te atreves a desobedecer mis órdenes?

– ¿Cómo iba a saber que era tu hermana, William?

– Te lo dije específicamente, Edward. ¿Crees que iba a dejar que alguien de tu reputacion siquiera la mirara? ¡Perfido! No tienes ningun derecho a…

– ¡William! Detente ahora mismo. Sé defenderme a mi misma y estás haciendo una escena. Toda la sociedad está mirando.

– ¡Al diablo con la sociedad! Rompio su promesa y tu honor, Jane, y eso no lo soporto.

[2] Caballero de vida disoluta y moral laxa que seduce a las damas sin intención de matrimonio, comprometiendo gravemente el honor y la reputación de estas ante la sociedad.

– William, fue solo un baile, te juro que…

– ¡Tú no hables!

– William. No hizo nada malo. Te prometo que fue solo un baile, ¿si? ¿Por qué no vas a buscar algo de beber? Yo iré con Diana o con Charles y tu amigo puede hacer lo que quiera.

A regañadientes, William aceptó, y mientras Jane caminaba en busca de uno de sus hermanos, no podia parar de pensar en que ya sabía el nombre del caballero con el que habia bailado.



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En el texto hay: romance, de época, multiples pov

Editado: 10.03.2026

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