1. El paraíso tal vez sea… así.
El sol le pegaba directamente a los ojos y juraba que no era capaz de ver nada más allá de su intenso brillo y su dulce y cálido fuego. Inspiró profundo, demasiado para su estado y terminó envuelto en una tos seca que no le dió tregua en varios minutos, así que cuando se le pasó, todo el diafragma le dolía horriblemente, pero eso no importaba, no ahora.
Enderezó la espalda y caminó por las calles de una hermosa ciudad, el café y el pan eran olores que lo impregnaban todos, así que tal vez luego iría a conocer una bonita cafetería vestido con ese traje azul marino que tanto le gustaba y hacía resaltar sus ojos, pero por ahora, solo por ahora caminaba disfrutando del sol matutino, ése que tanto había extrañado, no pensó en algún momento que algo tan banal y natural fuera algo tan… exquisito. Tal vez era la libertad la que causaba todo esos sentimientos, el desasosiego que profundamente se había arraigado en su mente y alma.
Él estaba vestido con ropa deportiva concluyó en su mente, sí, salió temprano como nunca en la mañana a hacer ejercicio al aire libre, no era algo que le gustara, pero esa fué la decisión que tomó cuando despertó; “¿por qué no?” Se había preguntado seriamente y aquí estaba, caminando, en realidad, cuando su intención era trotar, pero que importaba, ¿no? Su intención desde un principio fué disfrutar del sol y estaba en medio de su cometido, así que… todo salió tal cual lo planeado.
Después de esto, ¿qué haría? Esa pregunta lo desestabilizó y su ensueño se cortó cuando nuevamente se atragantó. El dolor le dobló la espalda y sus rodillas tocaron el suelo cubierto de un cesped perfectamente recortado, algo de color blanco, baboso y tal vez rojo cayó al suelo desde su boca. Asqueroso, simplemente asqueroso, el odiaba esto con toda su alma, la idea simplemente de vomitar era inconcebible… en otro tiempo, así que cuando le dió igual y las llamas que tenía en el estómago se apaciguaron, suspiró agradecido.
Se levantó como pudo, después de todo su energía y ese caminar por donde sea que estaba solo era causado por una fuerte ensoñación causada por nada más que una fiebre alta… quizás y no era eso.
Escuchó unos graznidos y pensó que eran patos o gansos, que importaba, se quedó inmóvil solo escuchando y recordando, las lágrimas, las últimas que le quedaban empezaron a brotar intensamente, sus manos temblaron y aunque quería mirarlas no lo hizo, después de todo esa sortija en su mano izquierda estaba ahí. La sentía como una promesa.
Las pocas cosas que era capaz de recordar las podía enumerar y una de ellas era estar frente a un lago dándole de comer a unos patos o tal vez gansos, al lado de una mujer la cual le decía algo importante, lo cual les causaba un momento de felicidad infinita, aunque no podía recordar qué era ese sentimiento le daba fuerzas para poder seguir una hora más, un día más.
Lo segundo era que estaba casado y que era la misma del recuerdo anterior y que la amaba, la amaba tanto que sabía que por ella estaba en ese lugar y aún así no la culpaba, incluso dentro de ese estado tan despiadado el Agente del FBI de la (USTA) Unidad Especial de el Tráfico de Armas David Eastwood seguía amando profundamente a su esposa y a todo eso que ella representaba; su familia, porque ellos iban a tener un hijo prontamente, o al menos eso había sido antes de su captura. Secuestro.
Y esto era lo único que él recordaba, su identidad y sus sentimientos hacia su pequeña familia, los cuales en su mente no tenían nombres ni rostros, pero que él atesoraba de manera devota.
Siguiendo los rayos del sol que se amplificaban cuando chocaban con el agua caminó hasta la orilla y se detuvo sólo cuando sus dedos tocaron agua e imaginó tanto en ese pequeño instante que solo sonrió y aunque su mente ya no era nada desde ya hacía un par de semanas, un recuerdo, una ilusión, un sueño, lo que fuera se formó en su mente y en el cual su esposa le tomó la mano izquierda y besó su anillo tiernamente, él vió sus manos entrelazadas y un poco más allá un pequeño niño se asomaba detrás de ella viéndolo con esos grandes ojos iguales a los suyos, su pecho se infló con una felicidad incontenible y que tal vez esa era la razón por la que algo bajaba como un caudal por su sien y lo hacía sentir adormecido. El sol brilló más fuerte y él rió mientras lloraba porque el niño, su hijo, lo llamó papá.