Los Fragmentos del Orden

PRÓLOGO : Lilitu de las Aguas de Antes

Me llaman Lilitu de las Aguas de Antes, y por muchos otros nombres infinitamente más antiguos. Mi función es recordar.

No nací de un vientre.
No procedo de un linaje.
Nací de un estado del mundo.

Antes de que existieran los nombres, antes de que la materia aceptara volverse pesada, nosotros estábamos allí — no sobre la Tierra, sino con ella.

No teníamos forma fija. Tomábamos aquellas que el mundo podía soportar.
Viento, vapor, carne provisional.

Éramos lo que hoy llamaríais interfasicos: ni totalmente presentes, ni ausentes.
No envejecíamos.
No nos reproducíamos.
Persistíamos.

Éramos pocos.
Los suficientes para dialogar. Demasiado pocos para dominar.

Y ya entonces, entre nosotros, comenzaban a oírse dos cantos disonantes.

Algunos contemplaban la Tierra como un instrumento imperfecto.
Veían la lentitud de la evolución, el errar de lo viviente, el sufrimiento inútil.
Querían corregir.

A su cabeza se alzaba Tiamat.
Era vasta.
Su campo era fluido, oceánico.
Percibía el mundo como un conjunto de corrientes que debían enderezarse.

— Lo viviente debe ser guiado —decía.
— De lo contrario, se quebrará por sí mismo.

Otros —entre los que me contaba— rechazábamos esa lógica.
Pensábamos que la vida debía encontrar su propio ritmo, aun al precio del error.

No era una jefa.
Nunca quise serlo.
Era una estabilizadora.
Contenía los excesos. Recordaba lo que había sido olvidado.

Yo recuerdo.

Tiamat lanzó el experimento sin esperar el acuerdo de todos.
Eligió una especie joven: vuestros antepasados.
Seres ya portadores de intuición, pero todavía frágiles.

Quiso transmitirles una parte de nuestra estructura.
Una resonancia.

Los primeros murieron. Su biología se desgarró bajo el esfuerzo.
Los siguientes sobrevivieron… mal. Inestables. Violentos. Desfasados.
Luego llegó una generación viable.

Fue entonces cuando todo se inclinó.
Porque lo que sobrevivió ya no era solamente humano.
Y tampoco plenamente nosotros.

Comprendí entonces que el umbral había sido cruzado.

La guerra no fue declarada.
Se produjo.

No hubo ejércitos. No hubo líneas de frente.
Solo colapsos de estado.

Los vientos comenzaron a aullar donde nadie los convocaba.
Las aguas se alzaron sin marea.
El calor hendió la tierra.

Golpeábamos modificando las presiones, las densidades, las propias armónicas del mundo.

Para vosotros, aquello se convirtió más tarde en una guerra de dioses.
Para nosotros, fue una pérdida irreversible.

Marduk comprendía la guerra mejor que todos nosotros.
No quería corregir lo viviente, ni dejarlo errar.
Quería organizar.

Propuso un orden fundado en la jerarquía, la fuerza, la estabilidad impuesta.

Cuando Tiamat concentró su poder, él la observó.
Cuando ella se desplegó, él golpeó.

Utilizó lo que ella no podía contrarrestar: presiones secas, vientos estructurados, calor dirigido.
Su campo se derrumbó.

Tiamat murió.

No la lloré.
Tampoco canté.
Recordé.

Kingu había asumido los sistemas de control.
Lo que más tarde llamaríais la Tabla de los Destinos.

No era un objeto sagrado. Era una arquitectura informacional.

Cuando Marduk se apoderó de ella, privó a Kingu de su estructura.
No quedó más que un cuerpo vaciado de sentido.

A partir de él, Marduk modeló a vuestros antepasados.
No por crueldad. Por necesidad.

— Ellos cargarán con el peso —dijo.
— Así el orden se sostendrá.

Aparté la mirada.

La guerra se extinguió por falta de combatientes.
Los intervencionistas partieron o murieron. Los otros se dispersaron.
Algunos permanecieron, ocultos, disminuidos.

Yo permanecí voluntariamente.
Porque algo había cambiado.

Habíais nacido de un acto violento, sí.
Pero no erais un error.
Erais una posibilidad.

Marduk ordenó el relato.
Los escribas redactaron la historia de los vencedores.

Hablaron de caos, de monstruos, de victoria.
Dejaron mi nombre en los márgenes.
Luego lo mancharon.
Luego lo utilizaron.

Lilitu se convirtió en errancia. Después en amenaza. Luego en demonio.

Nunca corregí esos relatos.
Mi papel no era convencer.
Era recordar.

Porque mientras alguien recuerde, el mundo no está completamente cerrado.

Yo soy Lilitu.
Soy la memoria de lo que precede al orden.
Soy lo que permanece cuando el canto se quiebra.

Y mientras yo hable, la historia no ha terminado.



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En el texto hay: mitos, humanidad, lilith

Editado: 09.03.2026

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