Los Fragmentos del Orden

2 - Un cristal fuera de fase… ¡en una tablilla mesopotámica!

Un día antes.

La luz australiana tenía esa nitidez casi cortante que solo existe cerca del litoral del Territorio del Norte. A unos treinta kilómetros al sur de Darwin, la carretera polvorienta se abría en cintas pálidas entre eucaliptos y manglares bajos, allí donde las aves marinas trazaban círculos perezosos sobre las lagunas salobres.

En esa franja a medio camino entre lo salvaje y lo industrial se alzaba un conjunto de edificios sobrios, protegidos por vallas discretas y por un silencio que decía mucho.

El Centro de Vigilancia de Anomalías no impresionaba a simple vista: ninguna gran enseña, ninguna estructura ostentosa.
Era su reputación la que hablaba por él.

Años atrás no había sido más que un organismo privado en los límites, una antena científica marginal financiada por donaciones excéntricas y subvenciones de segunda fila.

Luego ocurrió el acontecimiento:

el paso de un microagujero negro cerca de la Tierra.

El tipo de incidente para el que la humanidad no estaba en absoluto preparada.

Sin embargo, el Centro sí lo estaba.

O, al menos, supo reaccionar con la rapidez suficiente para evitar el pánico mundial y coordinar el análisis.

Desde entonces, su pericia en lo que llamaban “lo inexplicable serio” era reconocida en todas partes, incluso por las instituciones más cautas.

Pero lo esencial no había cambiado: el Centro seguía fiel a su ambición original: rastrear lo que no encaja, lo que desafía los modelos, lo que todavía pertenece a los márgenes de lo real.

Alex Granville caminaba por el pasillo principal con un café tibio en la mano, consultando el informe matinal en la tableta digital fijada a su muñeca.

Era un ritual inmutable.

Cada mañana, la IA de la casa —bautizada con sorna Maggie— reunía todo lo que el planeta había publicado, tuiteado, registrado o difundido en las últimas veinticuatro horas.

Luego Maggie clasificaba esa información según un baremo de interés propio del Centro:

  • Nivel V: rumores idiotas, bulos, ilusiones colectivas.

  • Nivel IV: especulaciones pseudocientíficas.

  • Nivel III: fenómenos naturales mal interpretados.

  • Nivel II: acontecimientos científicamente verificados, pero anómalos.

  • Nivel I: expedientes que exigen acción inmediata.

Alex recorría todo aquello de manera mecánica.

La mayoría de los días, era una tortura. Por mucho que el Centro se hubiera convertido en un organismo puntero, la mitad de su presupuesto se seguía yendo en filtrar disparates.

Estaba a punto de cerrar el informe cuando una línea le atrapó la mirada:

TESTIMONIO CIENTÍFICO — NIVEL II.

Alex frunció el ceño.

El Nivel II era raro. Muy raro.

Por lo general se trataba de científicos desbocados soltando una predicción cosmológica apocalíptica antes de un congreso, y el sistema los degradaba al instante a Nivel IV o V (sin interés).

Pero aquello… no.

La mención permanecía en Nivel II.

Abrió el enlace.

Una entrevista rápida. Un comunicado arqueológico.
Luego imágenes de alta definición.

Una tablilla.

Una tablilla mesopotámica.

Leyó el nombre: “Dra. Lopez”.

Informe de equipo. Descubrimiento del texto. Primeras hipótesis.

Y, de pronto:

Presencia de un material cristalino no identificado, incrustado en el corazón de la arcilla.

Propiedades anómalas durante los análisis.

Las pupilas de Alex se contrajeron levemente.

Un cristal sin firma espectrométrica.

Sin respuesta al XRF.

Sin retorno radiológico clásico.

No ignoraba lo que eso podía significar. No del todo.

Un objeto fuera de fase.

Es decir: un objeto presente sin estarlo por completo, cuya estructura vibraba fuera del espectro material estándar.

Existían rastros en los archivos del Centro.

Viejos de décadas.

A veces de siglos.

Siempre enigmáticos.

Y todos asociados, de un modo u otro, a relatos que no habían encontrado su final.

Alex sintió cómo su instinto se tensaba, como una cuerda afinándose.

Pensó en Audra, su compañera: su lucidez, su escepticismo tierno, esa manera de sonreír cuando él corría demasiado deprisa hacia las anomalías.

Ella decía de él que “veía los agujeros en las cortinas del mundo”.



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En el texto hay: mitos, humanidad, lilith

Editado: 09.03.2026

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