Los Guardianes de la Piedra Mágica

Decima Quinta parte

Después de correr hacia la torre de los Antiguos, Elanor y los demás llegaron a la gran sala, donde estaban las siete piedras y los siete espíritus. Era una sala circular y amplia, con un techo alto y una ventana circular que dejaba entrar la luz. En el centro de la sala había una gran columna de metal, que era el eje de la torre y el núcleo de su poder. Alrededor de la columna había siete pedestales de metal, cada uno con una forma y un símbolo diferente. Sobre cada pedestal había una piedra de un color diferente, que pulsaba con una luz propia. Junto a cada piedra había un espíritu de una forma diferente, que hablaba con una voz propia.

· Estas son las siete piedras y los siete espíritus -dijo la voz-. Estos son los que os guiarán y os ayudarán a cumplir la profecía. Estos son los que os darán acceso a la magia y al secreto.

Todos se quedaron en silencio, maravillados y nerviosos. Nadie podía creer lo que veían ni lo que iban a hacer.

· ¿Qué tenemos que hacer? -preguntó Elanor, con impaciencia.

· Tenéis que colocar vuestras piedras en sus respectivos pedestales, donde se activarán y se conectarán -respondió la voz-. Tenéis que pronunciar las palabras sagradas, que os darán acceso a la magia y al secreto.

Todos asintieron con la cabeza y se prepararon para hacerlo. Cada uno se acercó al pedestal que le correspondía, según su color y su elemento. Elanor se acercó al pedestal azul, que tenía una forma de espiral y un símbolo de una pluma. Ewan se acercó al pedestal verde, que tenía una forma de onda y un símbolo de una gota. Selene se acercó al pedestal blanco, que tenía una forma de estrella y un símbolo de un sol. Los otros cuatro portadores hicieron lo mismo con sus pedestales: rojo para el fuego, amarillo para la tierra, negro para la oscuridad y violeta para el espíritu.

Cada uno colocó su piedra sobre su pedestal, donde se iluminó con más fuerza. Cada uno saludó a su espíritu, que le sonrió con afecto. Cada uno sintió una conexión especial con su piedra y su espíritu, que le llenó de energía y confianza.

· ¿Estáis listos? -preguntó la voz-. ¿Estáis listos para pronunciar las palabras sagradas?

Todos asintieron con la cabeza y gritaron con una sola voz:

· ¡Sí, estamos listos!




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