Era un día soleado, el viento soplaba, los pájaros cantaban, y un grupo de niños llenaba de risa el lugar.
La escuela Aurora Boreal había llevado de excursión al 6-A de paseo al bosque “Grand Faisán”. Tan pronto como llegaron, los niños hicieron el campamento en compañía de su maestra y padres que fueron a apoyar.
Mientras todos hacían el campamento, un grupo de amigos decidió ir al bosque antes, separándose del resto del grupo, yendo a su propia excursión.
—Ian, ¿seguro que vamos por el camino correcto? —preguntó una niña mirando con asco el lodo y las hojas mojadas de los árboles.
—¡Por supuesto que si Mila! Según el mapa que me dio mi papá, en unos metros debe estar la fuente de la eterna juventud, ¿verdad Lino? —dijo sonriente un niño pelirrojo y de pecas.
—Así es, no puedo esperar para verla —respondió un niño rubio emocionado.
—Y, ¿qué pasa si esa fuente no existe? —preguntó temerosa una niña sosteniendo sus lentes.
—Tranquila Serena, te aseguro que si existe —respondió Ian, tranquilizando a Serena.
Así recorrieron en línea recta durante unos diez minutos, guiándose por el mapa que Ian agarró del cuarto de su padre.
—¡Ya estoy cansada! —exclamó Mila caminando con desgano.
—Solo un poco más, estoy seguro que pronto llegaremos —mencionó Ian sin mucha fuerza.
Cuando pensaron que todo estaba perdido, unos árboles le dieron la bienvenida a un lugar hermoso. Estaba decorado con moños en los árboles, listones en los arbustos, pájaros que cantaban suavemente y en el centro, una fuente.
—Ian, ¿ves lo mismo que yo?
—Si Lino, estoy viendo lo mismo.
—¡Woah que padre se ve! —dijo emocionada Serena jalando del brazo a Mila.
—¡Oh, wow! Esto no está para nada mal —comentó Mila impresionada por la fuente.
El grupo de amigos fue corriendo a la fuente, donde se sentaron a la orilla de la misma. Felices y contentos miraban la vista de aquel bosque que se veía mágico.
—¡Que gusto es estar aquí! —dijo emocionado Ian.
—¡Lo se!
—¿Quién dijo eso? —preguntó Ian levantándose de la orilla al sentir aquella voz detrás de él.
—¡Oh, lo siento! No era mi intención asustarte pequeño.
—Chicos párense rápido —dijo Ian asustado.
Después de aquellas palabras, Lino, Mila y Serena se pararon, logrando ver a la chica de pelo y ojos azules que tenían enfrente.
—No tengan miedo, yo soy amiga del bosque, soy una guardiana que lo protege para que niños como ustedes vean su hermosura.
—¿Guardianes del bosque? —preguntó asustada Serena abrazando a Mila que temblaba del miedo.
—Si, yo y mis amigos —dijo aquella chica cuando un golem de tierra apareció detrás de los niños, asustándolos más—. No tengas miedo, él es Darenoak, el golem y guardián de la tierra, si gustan, acarícienlo, el no hace daño —Sonrió.
Con cierto miedo y audacia, Lino se armó de valor, yendo a acariciar la mano del golem, que respondió con una sonrisa, ganándose el cariño de los niños.
De pronto un aire recio sopló, junto con el vino una chica de pelo blanco y ojos azules que llegó volando al lugar.
—Les presento a la hada Skyla, la guardiana del aire —dijo señalando a la chica.
—Hola niños, veo que encontraron nuestro lugar favorito, je, je —Sonrió mientras movía su varita, provocando vientos que hacían reír a los niños.
—¿Eres amiga de “Tinker Bell”? —preguntó ingenuamente Mila, mirando con asombro las alas de la hada.
—Je, je, no soy amiga de ella, pero si la conozco te la presentaré —dijo dándole un pequeño toque en la nariz a la niña.
Mientras los niños jugaban con Darenoak y Skyla, una llama de fuego apareció a un lado de la fuente. Al poco rato de esa llama salió un dragón que voló un rato por el cielo para luego descender y convertirse en un hombre de cabello naranja y ojos amarillos.
—Les presento al dragón y humano Aiden, el guardián del fuego.
—¿Tenemos invitados? —preguntó con voz seria y grave.
—Así es, así que más te vale tratarlos bien.
—Bien, bien, solo lo haré por ti —
—Gracias —agradeció la chica al chico que se sentó junto a ella.
—Disculpa —llamó Ian acercándose a la chica—, ¿cómo se llama usted? —preguntó confundido.
—Una disculpa si no me presenté antes, yo soy la ninfa Saphira, y soy la guardiana del agua —dijo con una voz suave y agradable de oír.
Después de presentarse, los cuatro guardianes pasaron el tiempo con los niños. Darenoak y Lino dormían plácidamente bajo los árboles, mientras Skyla peinaba a Mila con ayuda de su varita, por su parte, Ian y Serena miraban asombrados como Aiden y Saphira hacían un espectáculo de agua y fuego.
Así pasaron las horas, el tiempo pasaba, pero los niños no querían irse, se sentían a gusto con los guardianes y con el bosque.
—Niños, ya deben irse —dijo Saphira levantándose de la orilla de la fuente.
—¿Qué sucede Saphira? Estas asustando a los niños —preguntó preocupado Aiden.
—Vienen los humanos, ya sabes que debemos hacer —mencionó mirando a Aiden.
—¿Ya nos tenemos que ir? —preguntó triste Mila.
—Lo sentimos, pero no todos pueden vernos —contestó Skylar flotando con sus alas.
—¿Por qué nosotros si los podemos ver entonces? —preguntó Lino confundido.
—No es fácil decirlo, pero ahorita mismo ustedes no tienen maldad, disfrutan de la naturaleza y todo lo que hay en ella, pero no todos son así, por eso es que nos debemos ocultar, para que, como este bosque, toda la madre naturaleza siga viva, ¿entendieron? —preguntó Aiden luego de explicar.
—No.
—Ni un poco.
—O sea que me debo ocultar ahora.
—¿Quién es madre naturaleza?
—Lo que quiso decir Aiden, es que deben cuidar los bosques, los árboles y los animales, así nos podremos ver de nuevo, ¿entendieron niños? —mencionó Saphira, a lo cual todos los niños asintieron.
Los cuatro niños salieron de aquel lugar, se dieron la vuelta y vieron como uno por uno, los guardianes se iban, Darenoak se hizo bola para luego irse rodando, Skylar se fue en una brisa de aire, Aiden se hizo dragón, yéndose volando y Saphira desapareció en la fuente.
—Niños, ¿están bien? —preguntó el padre de Ian llegando al lugar.
—Si papi, estábamos aquí donde dice tu mapa.
—¿Mi mapa?
—Si, el mapa de tu habitación del bosque.
—Y, ¿encontraron algo?
Los niños se detuvieron un momento, mirándose entre ellos, recordando como debe ser un secreto aquel mágico lugar.
—La verdad no, fue una desilusión —respondió Lino actuando triste.
—¡Que pena! Aunque deberán tener su castigo por irse sin el permiso de un adulto —mencionó la profesora que se encontraba preocupada.
—Tengo que admitir que estoy muy enojado contigo Ian, por haberte llevado a tus amigos a un lugar desconocido, pero me alegra que estén bien.
—Lo siento papi, prometo que no me escapare de nuevo.
—¡Oh, por supuesto que no lo harás! Te quedaras en tu cuarto cuando regresemos sin internet y sin salir a la casa de tus amigos por una semana.
—No puede ser —dijo dramáticamente el niño empezando a sollozar.
—Bueno, vamos con los demás, disfrutemos de lo que queda del viaje, ¿si niños? —preguntó la maestra sonriendo, a lo cual los niños asintieron y se fueron agarrados de la mano a ella.
—¿Cómo estarán ahora Saphira, Skylar, Aiden y Darenoak? —pensó el padre de Ian, viendo donde estaba la fuente antes.
Un brillo salió, teniendo que taparse los ojos del hombre, para cuando pudo volver a ver, la fuente se apareció frente al hombre.
—Hola Mahalaleel, ¿cuánto tiempo ha pasado? —Sonrió Saphira saliendo de la fuente.
—¿Eres tú Saphira?
—La misma en persona mi querido niño.
—¿Y los demás?
—Aquí estamos —respondió Skylar apareciendo al igual que Darenoak y Aiden.
—Todos están como los recuerdo —dijo entre sollozos Mahalaleel.
—Si, y te agradecemos por cumplir tu palabra —dijo con una sonrisa de lado Aiden.
—Sabemos lo mucho que has apoyado a la creación de parques ecológicos, los miles de arboles que has plantado y lo mucho que enseñas a los niños a cuidar la naturaleza —mencionó Saphira.
—Solo hice lo que debía hacer —dijo secándose las lágrimas.
—Anda, ve con tu hijo que te espera —dijo Skyla señalando la dirección.
—Fue un gusto poder verlos de nuevo a todos.
—El gusto es nuestro, ya sabes donde encontrarnos, hasta luego —Se despidió Aiden al igual que los demás guardianes, y con ellos desapareciendo la fuente de nuevo.
—Que bueno que hice aquel mapa ese día, espero que Ian sepa hacer lo correcto —pensó Mahalaleel yendo en dirección a donde estaban los demás niños y la maestra esperándolo.
Se dice que cualquiera que cuida de la tierra, el agua, el aire e incluso el fuego, solo aquellos de corazón puro, podrán ver a los guardianes del bosque encantado. ¿tu ya los has visto?