Los herederos del Ceo

Capítulo 1: Fin del contrato

Raquel

Camino despacio por el restaurante hasta que lo veo a él sentado en la última mesa, al instante una sonrisa se forma en mi boca y comienzo a caminar nerviosa, los nervios siempre me atacan al verlo, es alto, es guapo y sonrío como estúpida cuando sus ojos azules caen sobre mí y con cuidado tomo asiento frente a él, un contrato, eso bastó para que uniéramos nuestras vidas y llevamos casi un año casados, pero el contrato se volvió real cuando me besó la primera vez y pasamos de estar casados por un matrimonio por conveniencia a estar casados por amor y ahora el fruto de ese amor crece dentro de mí y hoy se lo diré, le diré al hombre que amo que estoy embarazada.

—Aquí firmamos nuestro matrimonio hace casi un año —digo moviendo mis manos con nerviosismo y él baja la mirada, se mantiene en silencio y lleva una mano a su corbata, pero sé que ese gesto solo lo hace cuando está nervioso y sonrío, no soy la única.

—Un año —susurra y sus ojos azules se quedan fijos en los míos —eso decía el contrato, debíamos estar casados al menos un año para firmar la alianza entre nuestras familias —me pierdo en su mirada, una distinta.

—Dante —sonrío —hay algo que debo decirte y que es lo que me tiene temblando —rio sin saber cómo seguir y llevo mi mano a mi bolso —debo decirte que —busco en mi bolso la prueba de embarazo y cuando la encuentro miro sus ojos. —Dante…

—Te cité hoy aquí también para decirte algo o mejor dicho, acabar con el contrato —mi mano aprieta la prueba de embarazo.

—Dante yo estoy

—Quiero el divorcio —sus palabras detienen las mías y me quedo helada aún con mi mano dentro de mi bolso, mis ojos fijos en los suyos y una sonrisa congelada mientras pienso que es una broma. —No ha pasado el año, pero —él coloca un documento frente a mí —ya no tenemos por qué seguir casados, ya podemos acabar con esta mentira.

—Pero pensé que lo que teníamos era real —suelto las palabras con un nudo en la garganta.

—También yo —gruñe y me tenso

—¿De qué hablas? —lo miro confundida y suspira.

—Firma el divorcio, ya no quiero seguir casado contigo Raquel, quiero que te vayas de mi casa y claro, vas a recibir tu parte del dinero acordado, pero una cosa —se inclina hacia mí con esa mirada que usa cuando quiere que alguien le tenga miedo —no quiero volver a verte —masculla con tanto odio que llena mis ojos de lágrimas —te irás lejos y no volverás a aparecer frente a mí nunca más o cuando lo hagas destruiré a tu familia como debí hacer en vez de aceptar una alianza —Dante se pone de pie, miro el documento y una lágrima escapa de mis ojos y cae en el papel dejando la mancha en este.

—Dante —digo su nombre temblando y detengo sus pasos —Dante yo estoy

—Firma el divorcio —una vez más interrumpe mis palabras —porque luego me volveré a casar con Savanah —mira mis ojos —y esta vez, me casaré por amor —sus pies se mueven y se alejan de mí dejándome de pie frente al divorcio en la mesa y miro mi mano, esa que saqué de mi bolso y que aprieta fuerte la prueba de embarazo positiva logrando que más lágrimas caigan por mi rostro.

—¡Eres una vergüenza! —grita furioso mi padre, pero sus palabras duelen tanto como la bofetada que me propina haciéndome caer al suelo —Estás defectuosa, por eso Dante Ferrer te saca de su vida —escupe con rabia —nos haces pasar vergüenza —sus pasos se alejan un poco de mí.

—Yo cumplí —me atrevo a hablar y me mira —me casé con él para firmar una alianza pero…

—Y ahora no existe alianza ninguna —brama —ahora ellos pueden venir contra nosotros y quitarnos todo lo que hemos ganado y todo porque no supiste complacer bien al gran Ferrer —evito mirar sus ojos —eres la ruina de esta familia y te lo dije, te dije que no quería un divorcio —me da la espalda —¿que dirán todos cuando sepan? Ni siquiera duró un año —pasa las manos por su cabeza —mi hija desechada por los Ferrer como basura, nuestro apellido será la burla de todos.

—Solo te importa eso —lloro como una niña pequeña y cuando sus pasos se mueven hacia mí me alejo hasta quedar pegada a la pared.

—Estás sola a partir de ahora —me señala con odio —ya no formas parte de esta familia, ya no eres parte de mis herederos y te irás de mi casa con lo que traes puesto —sus palabras caen como agua fría y entonces sale del despacho lanzando la puerta con fuerza, mis ojos se cierran pensando en todo, sabía que acabaría así si había un divorcio porque esto mi padre lo ve como una humillación y Dante también lo sabía. Mi cuerpo tiembla cuando me pongo de pie y paso las manos por mi vientre, luego respiro hondo y voy hacia la puerta, al salir mi madre y mis hermanos están fuera, mi madre llora abrazada de mi hermana mayor y con la cabeza en alto me alejo de ellos, mi padre ha hablado, a partir de ahora estoy sola y al salir a la calle la realidad pega en mi rostro, sola, embarazada y sola, pero puedo hacerlo, trato de sonreír mientras camino aunque más lágrimas escapan sin control alguno, la culpa es mía, mía por creerme el cuento de hadas y pensar que el príncipe se enamoraría.

Muevo inquieta mi pie mientras espero mi turno en el hospital público, he pasado de tenerlo todo y vivir como princesa a vivir con apenas lo necesario y aquí estoy, en un país nuevo, luego de un mes de mi divorcio esperando hacer mi primer ultrasonido porque antes no había tenido tiempo y solo ruego porque mi bebé esté bien, ya que he tenido que trabajar demasiadas horas para poder comprar lo necesario para mi embarazo. Cuando llega mi turno me pongo de pie y camino nerviosa hasta el consultorio, entro pensando que en cualquier momento caeré al suelo desmayada.

—Nombre —la doctora ni siquiera me mira cuando habla

—Raquel Sullivan

—A la camilla —dice y obedezco acostándome en esta y dejando al descubierto mi vientre.

—No había podido hacerlo antes así que es mi primer ultrasonido —hablo cuando unta el gel en mi vientre.

—No pareces de este país —por primera vez mira mis ojos y sonrío.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.